28/02/08
Adiós al Cronopio Mayor
Por Jotamario Arbeláez
Ignacio Ramírez Pinzón murió en septiembre del 2000 en un hospital de Legnano (Italia), cerca de Milán, mientras organizaba un festival cultural de colombianistas, de un cáncer del páncreas que acababa de despertársele. No se dejó visitar ni para enterrarlo. La crónica de esa muerte puede leerse en el libro Los fantasmas felices, del mismo Nacho, editado en el 2007 por Teresa Montealegre en
Una, la soledad. Todos sus familiares habían muerto y sus hijos estaban lejos. Dos, la debilidad, combinada con los dolores atroces, que lo habían obligado a suspender la publicación de Cronopios, su página virtual de promoción cultural, cuya acometida lo mantenía en pie. Tres, el deterioro mental, que le impedía comunicarse, pues si se sentaba ante el computador a escribir una cosa le salía otra, en una exasperante dislexia. Por eso tampoco podía acometer ningún trabajo remunerado, lo que le impedía ganar un peso para pagar el arriendo y a la señora que le alcanzaba el vaso de agua. Corría el riego de terminar debajo un puente.
Por lo tanto, había tomado la determinación de acabar con su vida. Pero un cianuro o una estricnina no se venden en las farmacias. No tenía el dinero para un revólver, que nunca había disparado, y no podía en el último momento acudir a la violencia armada contra sí mismo. Había consultado con expertos en eutanasia, y concluido que tenía un elevado costo ingresar a una clínica y hacerse conectar para luego desconectarse. Sentí el impulso de tomar la almohada y ponerla sobre su cara. Me contuve. Me pidió que por lo menos toda esta tortura que vive la contara en esta columna, advirtiéndome que me cuidara de elogios. Él, siempre tan digno y discreto con sus propios sufrimientos. A lo mejor quería leer con anticipación mi artículo mortis.
Espero que sea la propia muerte quien le aplique la eutanasia. No puede ser la muerte tan inhumana con un ser que la está llamando. Muerte, llévatelo, por favor, no seas mierda. En lo posible, antes de que termine esta página. Te mato con un beso, querido Ignacio.
Entrevista con Marco Antonio Campos
El poeta y narrador mexicano, quien ha obtenido los premios Xavier Villaurrutia (1992), Nezahualcóyotl (2005), el Premio Casa de América (España, 2005), y
Más allá del abuso y la jactancia imperialista, ¿qué significados ocultos, subrepticios, tiene el muro que los Estados Unidos construye en la frontera con México?
El odio al Otro. Es una injuria visible si se toma en cuenta que somos parte del TLC. Sin embargo, de los treinta millones de origen latino en Estados Unidos dieciocho son de origen mexicano. Los estadounidenses nos arrebataron con los Tratados de Guadalupe-Hidalgo de febrero de 1848, luego de una guerra atrozmente injusta, más de la mitad del país. Hemos sufrido de parte de ellos desde entonces decenas de invasiones de toda índole que en su momento documentó minuciosamente en un libro el admirable historiador Gastón García Cantú. Pero esa mitad del país de alguna manera es ya desde hace tiempo otra vez un poco nuestra. Al imperialismo económico hemos opuesto el contra imperialismo demográfico. Irán con el muro a Estados Unidos menos mexicanos pero seguiremos lentamente recuperando lo que fue –lo que debería ser– nuestro. Hay un inconsciente histórico en ese innumerable flujo de mexicanos, que sin saberlo, se están cobrando la revancha.
En cuanto a la guerrilla Zapatista: ¿Cuál fue su parte de leyenda? ¿Cuál su parte de realidad? ¿Cuál su parte de mistificación? ¿Qué destino le corresponderá en el porvenir de México?
Yo creo que fue una guerrilla que simpatizó enormemente, porque reivindicaba a los campesinos, pero sobre todo a los indígenas. ¿Por qué? Porque hay dos suertes de guerrillas: las que apuestan por los desheredados y las que buscan sólo tirar los gobiernos; en las encuestas, las primeras tienen la simpatía mayoritaria y las otras poquísima adhesión. Además, salvo los diez primeros días de rebelión, no se volvió a disparar un solo tiro. Fue una guerrilla hábilmente mediática en la que un lúcido Marcos ponía contra la pared al gobierno. No todo fue miel sobre hojuelas. Pasaron después dramáticas matanzas, entre ellas las de Acteal, producto de la guerra de baja intensidad, creada por el ex presidente Zedillo, el ex ministro de Gobernación Emilio Chuayffet y los altos mandos militares, en complicidad con el entonces gobernador de Chiapas, que terminó con una salvajada sin nombre donde paramilitares indígenas, beneficiarios del PRI, asesinaron de la manera más despiadada a decenas de hombres, mujeres y niños indígenas inermes.
En cierto momento los zapatistas crearon sus municipios autónomos que buscaron ser autosuficientes. Pero las cosas, después de 14 años, se han desgastado. Marcos, del que admiraba su lucidez, pero que tenía y tiene la rara debilidad de creerse escritor y de escribir cuentos y poemas como si los escribiera su peor enemigo, parece haberse trastornado, y su discurso se ha ido a la izquierda de la izquierda. Ha perdido el sentido de la realidad. Ha apoyado y se ha dejado apoyar por grupos radicalmente violentos y ha defendido guerrillas impresentables como
¿Qué siente al ocupar la silla de Octavio Paz en
Ni premios ni distinciones te hacen mejor, pero como anotaba en sus aforismos Francesco Guicciardini, el notable pensador florentino del Renacimiento, es mejor tenerlos que no tenerlos. Durante unos ocho años llevé muy buena relación con Octavio Paz, escribía de cuando en cuando en la revista que fundó y dirigía (Vuelta), pero llegó un momento (yo era director de literatura de
¿Qué hace que la verdadera poesía siga siendo la gran resistencia humana? ¿Qué la inmuniza de las tentaciones y del reclamo perpetuo del mundo comercial del show business?
Uno escribe porque algo fatalmente en la sensibilidad y en la emoción lo lleva a hacerlo. Porque busca ante determinadas experiencias volverlas algo bello y que esa realidad se vuelva asimismo una nueva realidad. El poeta trata de crear la doble realidad: es como el hombre que se halla en la ventana y puede ver hacia el jardín y hacia dentro de la casa. Uno quiere, uno ha querido, como Ungaretti, escribir una “bella biografía”, que no es otra cosa, sino dejar en los libros la historia del alma. Si lo leen muchos o pocos eso no importa. Mis amigos novelistas suelen estar desesperados por tener lectores y vender sus libros; los poetas no lo vemos así, o si alguien lo piensa, ha perdido todo sentido de la realidad. Por eso las mejores editoriales de poesía en occidente son las pequeñas: defienden a sus autores y defienden cada libro. Las grandes editoriales circulan de tres a seis meses los libros y luego los embodegan o los rematan o los rompen. En México, por ejemplo, es admirable la labor de El Tucán de Virginia, con más de doscientos cincuenta títulos y en una de sus colecciones (Los bífidos) tiene alrededor de cien de los mejores poetas de occidente en traducciones regularmente muy cuidadas. La poesía no te da dinero en regalías, pero te lo da de otra manera. En mi caso me dio ante todo una perspectiva estética de la vida. ¿Y qué más puedo pedir?
¿Está el mundo huérfano de poetas tutelares? ¿Todavía tenemos la inocencia y el fulgor para inventar ismos?
Mire, el trabajo de la poesía es individual y uno escoge sus propios poetas tutelares, que no tienen por qué ser los vivos. Respecto a los ismos, ya César Vallejo en un artículo de los años veinte del siglo pasado, se quejaba de que cada semana aparecía un nuevo ismo, él, que había escrito con Trilce un libro donde descuadraba extraordinariamente el lenguaje. En 2009 se cumple un siglo de la aparición del Futurismo, es decir de la aparición de la primera de las llamadas vanguardias. ¿No le parece, como dijo Paz a fines de los ochenta, que ya las vanguardias son una reliquia? En general la inmensa mayoría de los llamados poemas “vanguardistas” son juegos verbales que hielan la emoción del verso. Cuando me hablan de las vanguardias suelo pedir que me digan de memoria, por ejemplo, un poema de Marinetti, de Tzara o de Breton; nadie me ha dicho uno completo y a menudo no recuerdan siquiera un verso.
Quizá porque los poetas, si no entran al juego comercial, al menos buscan reconocimiento y ser publicados en las principales editoriales y revistas y ganar premios, y si no lo consiguen, muchos, por desgracia, se van llenando de envidia. Es “la tristeza del bien ajeno”, como dijo alguien. El poeta malo suele creerse bueno, el bueno muy bueno, el muy bueno quiere que lo consideren un grande. Se pierde el sentido de la proporción. Hay notabilísimas excepciones, desde luego; pienso ante todo en Borges cuya modestia –me consta– era del todo genuina, quien creía que con su cuerpo moriría su obra, o al menos, sólo quería ser recordado por algún verso que alguien repitiera sin darse ni siquiera cuenta que era de él. Y sin compararme ni de lejos en lo más mínimo a Borges quisiera que pasara lo mismo con algún verso mío.
Último poema de Víctor Jara
Aquella era una tarde de muerte, era el sábado 15 de septiembre de 1973 y uno de los proyectos humanos más bellos, surgido al sur del continente americano, y que desafiaba una larga tradición de infamias, de hambruna sin nombre y de postergaciones, había sido traicionado. En el Estadio Chile había cientos de obreros, artistas y profesionales encerrados, torturados y mancillados como una retaliación del pérfido general (Pinochet) que dijera: “a veces la democracia necesita un baño de sangre para seguir siendo democracia”. Y entre ellos estaba Víctor Jara, el cantautor, el poeta, el artífice de las canciones con las que
Él sabía que no saldría jamás de allí, y entonces escribió el poema “Estadio Chile”. Lo rodó subrepticiamente a un compañero… y este a otro… hasta que, por encima de las torturas y las amenazas, el hermoso documento lírico logró escapar de la infamia.
El cadáver del músico fue encontrado en el anfiteatro de Santiago: tenía las manos mutiladas.
Estadio Chile
Somos cinco mil aquí
en esta pequeña parte de la ciudad.
Somos cinco mil.
¿Cuántos seremos en total
en las ciudades y en todo el país?
Somos aquí diez mil manos
que siembran y hacen andar las fábricas.
¡Cuánta humanidad
con hambre, frío, angustia, pánico,
dolor, presión moral, temor y locura!
Seis de los nuestros se perdieron
en el espacio de las estrellas.
Un muerto, uno golpeado
como jamás nunca creí
se podría golpear a un ser humano.
Los otros cuatro quisieron quitarse todos los temores,
unos saltando al vacío,
otros golpeándose la cabeza contra el muro,
pero todos..., todos, con la mirada fija
de la muerte.
¡Qué espanto causa el rostro del fascismo!
Llevan a cabo sus planes con precisión certera
sin importarles nada.
La sangre para ellos son medallas,
la matanza es acto de heroísmo.
¿Es este el mundo que creaste, Dios mío?
¿Para esto tus siete días de ascenso y de trabajo?
En estas cuatro murallas, sólo hay un número
que me preocupa,
que lentamente quería más la muerte.
Pero de pronto me golpea la conciencia
y veo esta marea sin latido,
pero con el pulso de las máquinas
y los militares mostrando su rostro de matrona
lleno de dulzura...
¡Y México y Cuba y el mundo
que grita esta ignominia!
Somos diez mil manos que producen.
¿Cuántos somos en toda la patria?
La sangre del compañero Presidente
golpea más fuerte que bombas y metrallas.
¡Así golpeará nuestro puño nuevamente!
¡Ay, canto, qué mal me sales!
¡Cuándo tengo que cantar, espanto!
Espanto como el que vivo,
como el que muero, espanto.
De verme entre tanto y tantos
momentos del infinito
en que el silencio y el grito
son las metas de este canto.
Lo que veo nunca ví,
lo que he sentido y que siento...
harán brotar al momento... (borroneado en el original)
de la sangre, un fusil...
Censura y autocensura al lenguaje
No deja de llamar la atención que sucedan hechos tan escandalosos como la invasión estadounidense a Irak, así como todos los horrores que se han descubierto y ocurrido luego, y que sea casi un milagro que en algún análisis se utilice la palabra imperialismo para calificarlos. Y poco ocurre que se vincule al neoliberalismo con los intereses y presiones de los países globalizadores, a pesar de que un personaje como Henry Kissinger explicó que “lo que se denomina globalización es en realidad otro nombre para la posición dominante de Estados Unidos”, es decir, del imperialismo que practican los dirigentes de ese país.
Ante tanto silencio, e incluso padecer recriminaciones por usar esas palabras, me asaltó la duda de que no hicieran parte del idioma o que no significaran lo que pensaba, por lo que decidí recurrir a la vigésima segunda edición del diccionario de
Entonces, si por el uso de dichos calificativos se padecen recriminaciones, no es porque no existan para explicar unos hechos que ocurren a diario y afectan al mundo y a Colombia, sino porque no debe mencionarse la soga en la casa del ahorcado. Unos censuran o se autocensuran por las mismas razones por las que los cortesanos del rey que andaba desnudo lo alababan por las magníficas vestimentas que decían llevaba. Es tal la presión del mayor imperio de la historia de la humanidad y de sus partidarios, que incluso han logrado que hasta personas informadas, que entienden lo que ocurre y lo repudian, se muerdan la lengua a la hora de comentar el fenómeno.
Algo parecido empieza a ocurrir con la palabra neoliberalismo, sobre la cual también –los neoliberales, por supuesto– empiezan a ejercer todo el poder de su censura. A pesar de que el calificativo es científicamente preciso, porque define bien la reedición de las doctrinas de Adam Smith que se usaron para defender el liberalismo económico y los intereses del imperio inglés en los siglos XVIII y XIX, ya casi hay que pedir perdón por usarlo. Y es claro que no se equivocan los censores, dado que este debate no es, como pudiera pensarse, un asunto meramente formal. Pues como lo único que no tiene nombre es lo que no existe, se convierte en un idiota a quien proponga oponerse o sustituir un modelo económico inexistente. ¿No ayuda bastante a defender la política económica que rige en Colombia desde 1990, la cual se profundizaría hasta el absurdo con el TLC, si se impide que se le dé nombre propio al conjunto de medidas que la definen?
Además, el país y el mundo se llenaron de eufemismos, de palabrejas o frasecillas que se usan para reemplazar, desnaturalizándolas, a otras que describen bien los fenómenos. Por ejemplo, a un plan draconiano de despidos masivos lo motejan de proceso de reestructuración laboral; a una situación en la que un pez grande se apresta a comerse a uno chico la llaman relación asimétrica; a las imposiciones del FMI les dicen recomendaciones; ayudas a los linimentos que les facilitan los negocios a los monopolios gringos, y así… unas cosas se cambian por otras mediante una simple manipulación semántica.
Y lo más lamentable de estos trucos, simples actos de prestidigitación para ocultar la realidad, es que en ellos caen, víctimas de la presión, no pocos analistas democráticos, quienes debieran tener como primer propósito de sus explicaciones que fueran comprensibles no sólo para los iniciados en las artes de la traducción de los eufemismos, sino principalmente por quienes no lo son.
El lenguaje se convirtió también en parte del debate sobre la globalización neoliberal, lucha que en este caso gira en torno a definir si se puede usar o no cada palabra que tiene el diccionario y a si deben ser comprensibles o no las frases que explican los hechos que afectan a la sociedad.
René Char: Poesía y dignidad
(Afiche: Homenaje de Pablo Picasso al gran poeta francés)
René Char hubiese cumplido cien años en junio de 2007. Si bien ya no está a nuestro lado, podemos congregarnos en torno a su palabra luminosa y convocar nuevas confabulaciones desde la casa del lenguaje. Su poesía y su lucidez nos acompañarán siempre. Éste no es más que un breve homenaje a mi hermano, el poeta.
Pretender tener la razón es un acto eminentemente agresivo. Bajo esta mirada de medusa toda diversidad es petrificada y el poder entroniza sus esfinges cotidianas. La razón no se puede tener, es una búsqueda que se repliega en sí misma como un grácil bucle. A todo poder le horroriza el teorema sin resolver o el poema que no lo legitima, entonces suelta sus jaurías tras las voces, tras los cuerpos que se resisten a su ladrido unívoco sembrando lenguajes de indignidad en todos los caminos de pasos sin huella.
Pero la poesía frota sus yescas en los ojos sin párpado de esa indignidad. Y no es del consentimiento de lo que se habla, es de la gran pregunta que la imaginación le inflige a esa realidad que se proclama única desde la razón. La poesía borra esas fronteras, echa abajo empalizadas y se instala en ese umbral donde ya no se confunde la acción con la expiación, ni la partida es señal de aniquilamiento.
“He aquí la época en que el poeta siente erguirse en él esta meridiana fuerza de ascensión”, fuerza de ascensión que le permite abatir los rígidos dualismos, que le permite echar abajo tanto encierro de dureza sin matices. La poesía instaura altas techumbres de paciencia, espacios de resistencia donde habita la última humanidad bajo el sol negro del pensamiento único. La libertad: dignidad de la poesía.
La nueva esclavitud
Hemos construido una civilización a la medida de nuestras pesadillas. Mientras el 40% de los habitantes del planeta vive en la miseria y nuestras convicciones han sido planificadas desde los núcleos de poder, somos castigados sistemáticamente por una culpa que no hemos cometido, y como si fuera poco, sabemos que el Gran Hermano vislumbrado por Orwell en su novela 1984 no cesa de vigilarnos.
Kafka, el gran cronista de la contemporaneidad, nos había prevenido de la opción de convertirnos en abyectos insectos, y de la aún más terrible posibilidad de ser condenados por un crimen jamás cometido, pero poco dijo de la tiranía de las “verdades” impuestas.
Nuestro tiempo se ha caracterizado por instaurar formas de dominio más sutiles y opresiones más patéticas que aquellas que campeaban en siglos anteriores; pues es evidente que los esclavos de la antigüedad conocían su ignominioso destino, mientras que los de la contemporaneidad ignoran su condición ultrajante. Una extraña venda se ha posado sobre nuestros ojos. “¿Qué nos está pasando ahora?”, dijo Kant en 1784; pregunta hoy más necesaria que nunca.
Los monopolios de la imaginación con sus industriosas trampas sensibles han decidido nuestra ingenua confianza en sus “verdades” diseñadas. El Soma del que habla Huxley en Un mundo feliz, es dosificado a nivel planetario irradiando su amnesia, mediante una nueva taumaturgia.
No sólo los trabajadores sufren una esclavitud manifiesta, atemorizados por poderes hiperreales y por discursos excluyentes. Ni los desempleados o las víctimas que impone la sociedad para hacer creíble la ilusión que la sustenta. Pues si existe el memoricidio, si una estrategia a-crítica es generalizada y producida por el enjambre mediático, si nuestra mente es el blanco de una cultura que propone un diluvio de imágenes que impide ver el horizonte, es sin embargo necesario afirmar que el olvido no es feliz como se insinúa en la novela de Huxley, pues esta desmemoria que hemos construido incuba una devastación interior nunca deleitosa.
No deja de ser contradictorio que la civilización que más ha impulsado la individualidad en
El individuo vive su agonía, se ha industrializado su existencia. Todos los habitantes del planeta deben pensar aquello que deciden las multinacionales televisivas y los periódicos más influyentes. Todos debemos viajar a los mismos lugares y vestirnos según la imposición de los centros de dominio, prescindiendo de la comida lenta y de las bebidas proscritas por el espejismo publicitario. Todos debemos escuchar la misma música inocua y celebrar su arte domeñado, apreciando cómo las generaciones más jóvenes, ni siquiera se plantean la opción inversa, un salto fuera de su sombra, un interregno de rebeldía. Hemos exilado a Prometeo.
La nueva esclavitud extiende sus dominios. La publicidad ha demostrado ser uno de los medios de dominación más sutiles y peligrosos. La televisión, y todo aquello que comienza como un milagro, ha terminado por imponer sus entorpecedores grillos, y la hemos visto desgastar el asombro. La información nos ha incomunicado, y es así como nadie recuerda los eventos trascendentes, nadie vislumbra lo que ocurre tras las bambalinas del hecho histórico, y por eso hemos quedado indemnes, sin armas eficaces para contener el advenimiento de los nuevos inquisidores.
Un unanimismo se cierne en el horizonte y parece no dar tregua. Vivimos
Vivimos un tiempo desintegrador. El comercio de la “verdad” es degradante. Hemos llegado a un punto de servidumbre en el cual la única libertad de prensa estaría en la abolición de los grandes medios que tantas veces determinan el rumbo de los países, la libertad de credo en suprimir las terribles religiones del Libro, la libertad sexual en abolir la pornografía hasta en sus más sutiles representaciones, y la libertad política tan sólo podría hallarse suprimiendo esa mentira que llaman democracia. Fuimos conducidos al límite.
Sin embargo el engranaje del poder es insaciable, y como lo soñó el visionario Charles Chaplin, todos seremos devorados por las máquinas y peor aún por las pantallas, por sus tornasoladas fauces, y por un discurso que se podría denominar “cautivo”. La contienda por la verdad ya no es teológica sino que corresponde a esos dioses de paso, a esas deidades efímeras que son las actrices, los deportistas o los cantantes de rock, y a los tiranos, que como Narciso, naufragan en su lago, pero muy lentamente, porque ésta vez no se ahogan en pozos de agua sino de cristal líquido.
En tanto, el espíritu religioso –ese experto en exterminios–, continuará afilando sus armas desde los órdenes políticos para que sus adeptos sigan atemorizando el planeta, pero esta vez operan sigilosos.
Estamos en el tiempo en el cual somos condenados sin pruebas, ejecutados sin juicio y sabemos que será muy difícil retomar el rumbo que nos lleve a destruir esta nueva esclavitud que se extiende en todo el planeta, y que debemos inventar algo en las esferas de la imaginación y del lenguaje para impedir la marcha de los nuevos e invisibles inquisidores que avanzan inexorablemente hacia nosotros. Y quizá la única posibilidad que tenemos, como lo afirmó Foucault, será la de forjar un nuevo régimen de producción de la verdad, pues sólo desprendiendo la verdad que sustenta las formas de dominación usuales podremos denunciar el engaño generalizado. La sociedad es un acervo de fuerzas legitimadas por seductoras creencias, por certidumbres que casi siempre tiranizan y esconden una cruel farsa, y se hace imperativo urdir una estrategia que culmine en su develación.
Pero mientras tanto, veremos con Nietzsche, crecer los desiertos.
Silencio del Cronopio

Se trata de un momentáneo silencio, un intervalo de Ignacio Ramírez Pinzón, gran amigo, confabulador, lúcido compilador de travesuras creativas, crítico mordaz de la realidad domeñana y sus pérfidas encarnaciones, y alguien que señaló un nuevo camino, entre otros a los creadores y responsables de Con-fabulación, que imaginaron su proyecto partiendo de la notable significación y hondura de Cronopios.
Pero este ya clásico diario virtual no es la única empresa y encarnación que Ignacio ha emprendido en su carrera fecunda. El gran periodista, quién también fue guionista cinematográfico de filmes muy exitosos, trabajo primero, como casi todos nosotros, en la prensa oficial y se exilió de ella, como en parte también lo estamos haciendo la gran mayoría, al descubrir los restos de cicuta que duermen en sus entretelones. Además se trata de un escritor lúdico, con un tomo de cuentos fantásticos –
Esperamos que muy pronto reaparezca, con nuevos embates y nuevos hechizos, el diario de los lectores alerta, del espectador prevenido, del testigo que vendrá: Habla de nueva y baila catala, cronopio cronopio
APPR es denunciada por editorial colombiana
Vivir es estar en infracción

VIVIR es estar en infracción.
A una ley o a otra ley.
No hay más alternativas:
no infringir nada es estar muerto.
La realidad es infracción.
La irrealidad también lo es.
Y entre ambas fluye un río de espejos
que no figura en ningún mapa.
En ese río todas las leyes se disuelven,
toda infracción se vuelve otro espejo.
Cuentos Crueles
La biografía del conde Jean Marie Mathias Philippe Auguste, parece calcada sobre uno de sus cuentos. Nacido en Saint Brieu en 1838, fallece en París en
El París de la segunda mitad del siglo XIX no solo consumió los últimos francos del patrimonio del conde de L ´Isle-Adam sino que lo condenó casi a la extrema miseria. Villiers de L ´Isle-Adam probó suerte con la poesía y el teatro, pero ninguno de los dos géneros le propició el éxito. Su obra surgió bajo la influencia de Charles Baudelaire y Edgar Alan Poe y se mueve entre el simbolismo y el ocultismo.
Su figuración en las letras francesas y universales se debe sobre todo a sus Cuentos Crueles cuya primera serie apareció en 1883 y la segunda, Nuevos Cuentos Crueles, publicada en 1889.
Los personajes de estos cuentos son seres al borde del abismo, llevados allí por el fracaso en el amor, en los negocios o en la vida misma y parecen ser proyecciones de los avatares de la existencia azarosa de su autor.
Todos los protagonistas de sus narraciones se mueven en una atmósfera densa en la que no es posible entrever el más tenue lampo de claridad. Todos tienen como destino final la más oscura fatalidad o la desfiguración de lo aparentemente bello, como ocurre en el cuento “Flores de las Tinieblas”, en el que las ofrendas florales que adornan los féretros, terminan vendidas por las pequeñas floristas en las noches de los cabarets parisinos.Función política de la poesía
¿La poesía tiene una función política? Esta es otra manera, quizás prosaica, de formular esa pregunta que, desde Hölderlin, inquieta a los creadores y que constituye la esencia de la poesía moderna. Es decir, desde que el poeta dejó de ser el florero de salones burgueses y Baudelaire salió a la calle a buscar la belleza. El resto es literatura. Y ya sabemos que don Antonio Gamoneda afirma que la poesía no es literatura, es una realidad en sí misma.
Esta pregunta invierte la perspectiva de un yo romántico que se interroga ¿para qué poetas en tiempos de miseria?, o de la búsqueda de una razón efectiva que tras el horror se pregunta ¿para qué poesía después de Auschwitz? Cuestionamiento que hostiga permanentemente su ejercicio como legión de moscas tras una miel que suponen nutricia.
En cuanta ocasión se hace pública, esta pregunta se instala como formulación de la ingenua periodista que cubre las noticias culturales para la sección de farándula, o como exigencia de compromiso por parte de organizadores de festivales que quieren firmar manifiestos, o como indagación fácil en un país atribulado por la guerra, o como caldo de agujas para alimentar la rabia frente a la indignidad que se regodea en muchos casos, a expensas de ideologías complacientes.
Frente a esta pregunta, respondo no. La poesía no tiene ninguna función política. Pregúntenle al panadero por su pan, o las piedras que florecen saxígrafas, o a la rosa que floreció en el sueño del poeta. O a cualquier forma de expresión que pretende acercarse a eso indecible que no es, precisamente, la moderna ilusión comunicativa.
Quizás, por esta vía, nos acerquemos a la experiencia trágica de los griegos, lugar donde el “yo”social se quiebra y ya no sabe quién es, y que nosotros, como lo advierte Carlos Fuentes, no hemos logrado elaborar para superar las catástrofes que nos constituyen.
Otro asunto son las relaciones que establece el poeta, como todo ser humano, con su tiempo. Cuando se vive en medio de la indignidad producto de una tradición excluyente, de una moral como hidra de seis cabezas, no es necesario ir a buscar nada donde nada hay. Y menos aún invocar a la poesía como a la sibila de Cumas, como al asesor de turno, que desde hace bastante tiempo no nos dice nada porque no sabemos preguntarnos.
La poesía permanece muda, como diría Celan, pero próxima y accesible. ¿Para qué invocar palabras en medio de tanto alboroto, de tanto grito al aire? Quizás alguien, poeta o no, encuentre la poesía y en su trato con ésta, quizás, algo, como chispa sagrada se agite, se encienda. Y es aquí donde retorna como problema político, expresada como imposibilidad de la tragedia
Una transformación que muestre la fragilidad de lo individual podría ser una respuesta. Hemos creído, a pie juntillas, eso del amor al prójimo, y eso de que la democracia es la voluntad de la mayoría, la voz de dios que ahora pareciera ser la voz de las encuestas. Ésta no se manifiesta, últimamente, a pesar de tanta promiscuidad tecnológica que pretende alcanzar ese cielo color de lejanía.
Una verdadera democracia, esto lo descubrieron los griegos aunque luego lo pervirtieron muchos de sus generales esgrimiendo la fuerza del poder ante la razón de los argumentos, se basa en una comunidad de personas donde lo individual es fuerte gracias a su experiencia del otro como inaccesible.
Una individualidad fuerte porque es capaz de mirar de frente a ese animal terrible, una individualidad que pregona “el pensamiento desinteresado”, una individualidad que es capaz de enfrentar la diferencia sin creer que es un monstruo, una individualidad que ha salido de la caverna y tanta luz cenicienta no la ciega, una individualidad fuerte porque es capaz de optar y decidir en medio de un agitado mar de sirenas, una individualidad que sólo pretende ser “mala conciencia de su época”.
La poesía avanza en contra de sí misma y la democracia tendría mucho que aprenderle si entiende que, aún ella misma, se erige como versión institucional contra ese miedo a las masas, a lo incontable. No de otra manera entiendo los reclamos, nada seductores, de quienes han hecho de la indignidad nuestro sustento.
Así, la poesía sólo es constatación de que nos constituye eso indecible que, extrañamente, nos acerca. La poesía, posibilidad de un orden otro frente a las gramáticas reguladoras de ese vacío de sentido, del mundo como espacio del permanente malentendido. O como nos propone Char, rebelde por siempre, “el poeta es el barquero de todo esto que forma un orden. Y un orden insurrecto”.
A las víctimas el infierno
De uno de los padres del Anarquismo (1814-1876), traductor de Fichte y Hegel, fundador de
¿Los hombres están condenados por su naturaleza, a devorarse unos a otros para vivir, como lo hacen los animales de otras especies?
Desgraciadamente, encontraremos en la cuna de la civilización la antropofagia, al mismo tiempo y enseguida las guerra de exterminio, la guerra de razas y pueblos; guerras de conquista, guerras de reequilibrio, guerras políticas y religiosas, guerras por las grandes ideas como las hace
Y en el fondo de todo esto, al través de todas las frases hipócritas de que se hace uso para darse una apariencia de humanidad y de derecho, ¿qué encontramos?
Siempre la misma cuestión económica: la tendencia de los unos de vivir y prosperar a expensas de los otros.
Todo lo demás es una bola. Los ignorantes, los tontos, se dejan coger en ella; pero los hombres fuertes que dirigen los destinos de los Estados saben muy bien que en el fondo de todas las guerras no hay más que un interés: el pillaje, la conquista de la riqueza de otro y la apropiación del trabajo ajeno.
Tal es la realidad, a la vez cruel y brutal, que los dioses de todas las religiones, los dioses de las batallas, no han dejado nunca de bendecir; empezando por Jehová, el dios de los Judíos, el padre eterno de nuestro señor Jesucristo, que mando a su pueblo escogido a asesinar a todos los habitantes de la tierra prometida, y concluyendo por el dios católico, representado por los Papas, que, en recompensa del asesinato de los paganos, de los mahometanos y los herejes, dieron la tierra de esos desgraciados a sus asesinos llenos de sangre. A las víctimas, el infierno; a los verdugos, sus despojos, los bienes de
Ese es, no otro, el objeto de las guerras más santas, de las guerras religiosas.
Es evidente que, hasta la fecha al menos, la humanidad no ha procurado excepciones a la ley general de la animalidad que condena a todos los seres vivos a devorarse unos a otros para subsistir.
El socialismo, poniendo en lugar de la justicia política, jurídica y divina, la justicia humana, reemplazando el patriotismo por la solidaridad universal de los hombres, y por la competencia económica por la organización internacional de una sociedad fundada en el trabajo, será el único que pueda acabar con estas manifestaciones brutales de animalidad humana, con las guerras.
Pero, hasta que haya triunfado en el mundo, todos los congresos burgueses por la paz y por la libertad protestarán en vano, y todos los Víctor Hugo del universo los presidirán en balde; los hombres continuarán devorándose unos a otros como las fieras.
Está bien demostrado que la historia humana, como la de todas las otras especies de animales, comenzó por la guerra.
Esta guerra, que no tuvo no tiene más objeto que conquistar los medios de vida, ha pasado por diferentes fases de desarrollo, paralelas a las distintas fases de la civilización, es decir, del desarrollo de las necesidades del hombre y de los medios de satisfacerlas.
Así, animal omnívoro, el hombre ha vivido primero como todos los otros animales, de frutas y plantas, de caza y de pesca. Durante muchos siglos, sin duda, el hombre, cazó y pescó cual hoy aún lo hacen los animales, sin ayuda de más instrumentos que los que la naturaleza le había dado.
La primera vez que se sirvió del arma más grosera, de una estaca o de una piedra, hizo acto de reflexión, se afirmó, sin sospecharlo indudablemente, como un animal pensante, como hombre; porque las más primitivas de las armas debiendo necesariamente adaptarse al fin que el hombre se propone alcanzar, suponen cierto cálculo, cálculo que distingue esencialmente al hombre animal de todos los otros animales de la tierra. Gracias a esta facultad de reflexionar, de pensar, de inventar, el hombre perfeccionó sus armas; muy lentamente, es cierto, a través de muchos siglos, y se transformó por esto mismo en cazador o en bestia feroz armada.
La ópera flotante de John Barth
Es la primera novela del escritor estadounidense John Barth, nacido en Maryland en 1930. Publicada en 1957, cuando su autor tenía 27 años, se inscribe de inmediato en la lista de las grandes novelas norteamericanas del siglo XX.
La acción se sitúa en los años veinte y la narra en primera persona su protagonista, personaje que desde su más temprana edad vive bajo la amenaza de muerte súbita a causa de la cardiopatía que lo afecta. Esta circunstancia lo predispone a vivir cada segundo de su existencia como si fuera el último y le lleva a redactar una carta dirigida al padre con quien no se entiende en la que trata de descifrar las razones de ese desentendimiento, misiva que nunca envía porque su progenitor, antes de que la concluya, se ahorca con el cinturón de sus pantalones. Esa misma voluntad de goce le lleva a aceptar un menage a trois con una joven pareja conformada por ricos herederos que ante la confesión de su virginidad, ofrecen sacarlo de esa excepción vergonzosa.
El tono en que está compuesta esta novela de Barth es el de un humor negro, corrosivo y no obstante que Maryland está lejos del sur legendario, en los cuadros de comedia que la conforman, se respira el clima cálido y húmedo de las vecindades del Missisipi.
Barth es autor, además, de las novelas Quimera, El fin del camino y Perdido en la casa del placer, entre otras y se confiesa admirador y discípulo de Borges, Nabokov y Beckett. Recibió, en 1972, el Premio Nacional del Libro.
La pobreza y sus metáforas
Todos tenemos amigos que solamente se pueden amar en la memoria. Compañeros de viaje en algún instante del pasado, bruñeron las mismas quimeras y labraron sueños similares a esos que se quedaron a vivir en nosotros, y cuya oscura culpa pagamos, expiación contradictoria y dolorosa, con frecuencia exasperante. A la mayoría de esos amigos los perdimos porque se enriquecieron y un día, transmutados en efímeros dioses caseros, ya no tuvieron nada que ver con nosotros, a pesar de los esfuerzos diplomáticos y algunas tristes señales de la nostalgia, que en su estado prematuro se parece mucho al ulular de una sirena. Ellos habían madurado, lo que entre nosotros quiere decir hacerse a una buena bolsa, alzarse con una fortuna sin que importe demasiado la metodología. Crecer es enriquecerse. La vida se trata de que unos suban y otros bajen, unos se conviertan en elegidos y los otros en desheredados, unos pasen a engrosar la memoria de los asalariados y otros la amnesia de los ricos. Aquellos amigos ya tenían un atisbo de futuro, ya la primavera se les abría generosa… eran grandes, empezaban a hacer compras importantes, exhibían, fulgurantes y temibles, sus primeras escrituras y sus doradas y dadivosas tarjetas de crédito y el mundo, con ímpetu generoso, con premura les hacía un puesto de lujo. Mientras tanto nosotros, los que seguíamos pobres, adquiríamos este semblante de huérfanos que no le sirve sino a los suicidas cuando, después del último movimiento, empiezan por fin a contar su historia.
El que se enriquece es instantáneamente respetable porque obtiene la porción de realidad necesaria para abandonar la condición de proyecto, de esbozo, de croquis, de tentativa sospechosa, de íncubo inquietante, de prólogo insatisfactorio. La virginidad es para perderla y entre más temprano mejor. Todos asisten con desgano al espectáculo de los jóvenes que se quedan pobres, que no hallaron la puerta, que no abrieron la gran ventana ni ascendieron la gran escalera. Nadie quiere a los infantes perpetuos, adolescentes sin remedio, niños viejos y sin la capacidad de entrar a la fiesta de la vida… sempiternos menores de edad, terminarán siempre por ser sospechosos, por costarle dinero a los demás, por ser pedigüeños y por estar descolocados en todos los lugares, retardados, autistas económicos, engendros inútiles, que si se percataran de su verdad darían alaridos frente a los supermercados. Después de una vigilia colérica, la hambruna invade el espíritu y nuestro destino se convierte en una ciudad sitiada. No es solamente el miedo de no tener para la renta o para pagar el agua o para el desayuno de mañana, es el pánico de que en el reinado de la pobreza se aleja el amor, se exilian los bellos contactos, la existencia se extraña y nos toma distancia.
La pobreza, como lo descubrió el poeta sueco Harry Martinson en unas pocas líneas temblorosas, no es un estado económico sino un estado del alma. Su degradación central no consiste en que nos sean vedadas las cosas fundamentales como el alimento o la salud, el techo o el vestido, sino en el hecho, mucho más grave, de que quien está en sus manos se transmuta en el invitado indeseable. Porque, querámoslo o no, todos los pobres del mundo somos como Peter Sellers en
Cuando entras al reino de las necesidades, todo queda subordinado, todo queda raptado. Por un decreto misterioso, tan abyecto como ininteligible las formas de la satisfacción, inherentes al solo hecho de estar vivos, se alejan, se hacen evasivas y, en lo que constituye parte de la metáfora que escribe la pobreza, desearlas se convierte en delito. El rico es hecho para desear… el mundo le abre las piernas y lo llama… el mundo no cesa de inventar gustos nuevos, furibundos, hambrientos, golosos, para que esté feliz sobre la tierra… Pero si el pobre desea las mismas cosas está cometiendo un pecado capital, posiblemente cercano a alguna extraña y malévola forma de la delincuencia.
¿Es la pobreza, un género de la literatura fantástica? ¿Un capitulo indeseable de la metafísica? Sus imágenes, las pesadillas que engendra, su dulce y devastadora mitología tendrán un sentido que todavía no terminamos de descifrar? Bástenos saber que cuando la hemos llevado con nosotros como una reliquia atroz, como la visitación de una enfermedad mortal que no tiene tan siquiera la cortesía de matarnos, equiparamos sus penurias concretas y alimenticias a las tardes del desamor, no distinguimos entre la ausencia de un almuerzo y la ausencia de un gesto esencial, próximo, cálido y solidario, y nos hace un daño más que concreto sus ausencias tremendas y sus navidades terroríficas, y todo eso nos produce un sentimiento que poco tiene que ver con la hambruna, y que, en cambio, se imbrica con nuestros dolores más hondos, más ancestrales y arcanos, en nuestros sentimientos graves y nuestra memoria poética, la misma que los fija, los eterniza y un día los cantará, como un botín misterioso y terriblemente humano.
Libertad
Esta guerra nos ha mostrado cuán frágiles eran los tesoros de nuestra civilización. De todos nuestros bienes, aquel del cual más orgullosos estábamos ha demostrado ser el menos resistente: la libertad. Siglos de sacrificios, de pacientes esfuerzos, de sufrimiento, de heroísmo y de fe obstinada, la habían conquistado poco a poco; respirábamos su soplo de oro; nos parecía tan natural gozar de ella, como de la gran oleada de aire que pasa por la tierra y baña todos los pechos... bastaron unos días, unos pocos, para retirarnos esa joya de la vida; bastaron unas horas para que por toda la tierra una red aplastadora se extendiera sobre el estremecimiento de las alas de la libertad. Los pueblos la han entregado. Y aún más: han aplaudido su propia servidumbre. Y hemos vuelto a aprender la propia verdad: “Nada está realmente conquistado. Todos los bienes de este mundo no valen lo que ese don. Los lacayos de tu opinión, los cortesanos del éxito, no nos lo disputan. Y te seguiremos, Cristo de los ultrajes, con la frente alta: sabemos que resucitarás de tu tumba”.
Una confabulación contra el racismo
Por iniciativa de
Para rendir tributo a Carlos Arturo Truque se contó con la participación desinteresada del prestigioso director teatral hondureño Rafael Murillo Selva, quien inició su trayectoria precisamente en nuestro país, como parte del grupo fundador de
¿Qué sentido tienen eventos como este, donde se destaca el aporte negro a la tradición cultural colombiana? En nuestro país –donde el racismo no por asumir formas sutiles es menos eficaz–, hacer visible este aporte es de suma importancia para que avancemos en un reconocimiento efectivo y general de nuestra diversidad. Todavía hoy existe quien se sorprende cuando se dice que el bambuco y el bunde tienen su origen en cantos de esclavos negros o que el “Tío Conejo”, personaje de cuentos de la tradición oral de diversas regiones del país, es de raigambre africana y llegó a nuestro continente cargado de cadenas en los barcos negreros.
Pero a pesar de tanto oprobio, la cultura negra muestra aún su capacidad de resistencia: en
Honrosas excepciones al racismo campante, las hay: los asistentes a este alegre evento pudieron deleitarse con la declamación espontánea del poema de Jaime Jaramillo Escobar: Alheña y Azúmbar. Los lectores de Confabulación quedan todos invitados a poner distancia frente a estos residuos de racismo y clasismo que siguen vigentes en nuestra sociedad.
Entrevista con Jorge Enrique Botero
Uno de los periodistas más polémicos del país, quien fuera director de la Franja del Ministerio de Cultura y Telesur, concedió esta entrevista para Con-Fabulación ocho días antes de que el gobierno colombiano suspendiera unilateralmente la mediación del presidente Chávez en el intercambio humanitario. Revelaciones sobre el frustrado Acuerdo, detalles del libro que escribe sobre el guerrillero Simón Trinidad y pormenores de su vida llena de sobresaltos y amenazas
¿En que proyectos trabaja en la actualidad?
Llevo el registro de lo que será un documental que recoge paso a paso las incidencias del Acuerdo Humanitario. Un proyecto en el que me metí a finales del mes de septiembre cuando junto con la senadora Piedad Córdoba visité el campamento del comandante Raúl Reyes, en la profundidad de la selva amazónica, por los lados del Putumayo y fui testigo privilegiado de un encuentro, que a mi modo de ver, puede ser el germen del acuerdo humanitario. Más allá de eso, creo que puede ser también, lo que podría llamarse, la cuota inicial hacia un proceso que derive en la paz para Colombia.
¿Cómo termina ocupándose del registro y memoria de lo que puede ser el acuerdo e intercambio Humanitario?
Yo estoy viendo Tv y de pronto aparece la senadora Piedad Córdoba, hablándole a Chávez del tema del intercambio; cuando ella regresa a Colombia lanza la idea de reunirse con los familiares de las personas que están en poder de las FARC y con los familiares de los presos de los guerrilleros. Yo vengo realizando desde hace más de un año un trabajo de investigación para un nuevo libro en la cárcel del Buen Pastor, concretamente en el patio 6 con guerrilleras presas. De inmediato llamo a la senadora y le digo que tengo contacto con los presos de las FARC y sus familiares y que si quiere sirvo de puente. Ahí empezamos a conversar. El trabajo consiste en seguir a la senadora con registros en fotografía, video, audio para finalmente hacer un documental cuyo titulo provisional es “Así se hizo el intercambio”.
¿Acordaron términos para ese registro?
No, ella no me ha puesto ningún tipo de limitaciones, por supuesto hay momentos en que toca apagar la cámara, uno lo hace casi que intuitivamente. Tengo un registro que a estas alturas de la vida yo me atrevería a calificar de formidable, único, aunque falta lo principal: las imágenes de las personas llegando a sus casas y de los guerrilleros saliendo de la cárcel. Yo he hecho 5 documentales sobre el tema de las personas que están privadas de su libertad.
¿Cómo se imagina ese proceso?
Me imagino a los guerrilleros quedándose en Colombia, fieles a su vocación revolucionaria. Para ellos, el regreso a casa, es el regreso a filas porque las FARC son su familia. Habrá muchos, que tendrán otros planes para su vida. Otros a lo mejor ya están pensando en cumplir los sueños que han ido construyendo en todo este tiempo de cautiverio. En cuanto a las personas que llevan todos esos años en la selva, me las imagino no solamente regresando, refugiándose en su casa con pasión.
¿Por qué cree que el tema del despeje es uno de los inamovibles del gobierno Uribe?
El gobierno no quiere el intercambio, no le conviene y menos en los términos en que se va a dar ahora. Consideran que es una victoria de las FARC y que le hace mucho daño a las fuerzas militares.
¿Ese Acuerdo sobre el intercambio humanitario puede ocurrir antes de finalizar el año?
Hablar de tiempos en éste tipo de cosas y sobre todo cuando están las FARC de por medio es muy aventurado. Todos hemos comprobado que el manejo del tiempo por parte de la insurgencia es muy distinto al que tenemos nosotros, Sus lógicas en esa materia son totalmente impredecibles. De igual manera el gobierno se ha encargado de sembrar el escepticismo y ha quedando en evidencia que, si hay alguien que no quiere éste acuerdo es justamente el gobierno.
¿Ud, cree que el gobierno ve muchas más posibilidades en el rescate por la vía militar?
Sí, sí, claro. De hecho todo está absolutamente militarizado y lleno de unos comandos Jungla y Comandos Tánatos, y todo tipo de comandos de lo más extravagantes. Además de eso, hay mucho dinero en juego, hay ofertas de recompensas, hay caza-recompensas internacionales, hay mercenarios, hay organismos de inteligencia supra nacionales, organismos norte americanos, se habla de que los ingleses han metido mucho también en términos de tecnología y de logística para lograr el rescate. La idea por parte del gobierno es básicamente, la vieja idea de que para sentarse a negociar con el adversario hay que debilitarlo, llevarlo casi derrotado, por eso las incursiones militares no cesan. Yo diría que, desde el punto de vista táctico, más en el escenario de la defensa que del ataque, las FARC han demostrado una gran destreza militar. Cinco años de operaciones de gran envergadura, prácticamente no les ha hecho ni el más leve daño. Me lo decía Raúl Reyes en la entrevista que le hice, “esto ha sido una especie de post grado desde el punto de vista militar”, en el sentido que ha puesto a prueba toda su capacidad de defenderse de ataques de gran envergadura. Así y todo, estoy absolutamente convencido que el acuerdo se va a dar.
¿Qué obtiene Chávez con su gestión?
Yo creo que desde hace mucho tiempo él viene observando con dolor y con preocupación lo que pasa en Colombia. Me consta porque siempre ha sido una persona preocupada por el conflicto nuestro, se ha referido a él innumerable cantidad de veces, y para mí que, si él logra sacar adelante el intercambio lo que viene después, es su contribución para crear las condiciones hacia una salida política de éste conflicto y con eso gana por supuesto, gana su prestigio, gana su comodidad para moverse en el continente, como ha dicho él en repetidas ocasiones gana geo-estratégicamente hablando porque una salida política al conflicto colombiano significa pues otro modelo de sociedad aquí en Colombia. Todo ese escenario que el se ha planteado de países caminando hacia un destino común, bajo el concepto del boliviarianismo se hace mucho más factible. Él lo ha dicho decenas de veces –quiero hablar de lo geopolítico, le dice a Marulanda– quiero hablar de geopolítica y eso tiene mucho de ganancia.
¿Cómo cree que ha sido el desempeño del periodismo colombiano?
En general perverso, deliberadamente instigador de odios, por momentos oye uno a ciertos colegas como si estuvieran con el camuflado puesto y creo que hay una gran estrategia, muy bien diseñada, muy bien planeada, para construir unos imaginarios colectivos que se ha logrado. Pero particularmente en el tema del intercambio existe muy buena disposición de la gran mayoría de los medios para contribuir.
Hablemos del libro que está escribiendo sobre Simón Trinidad
Es un libro que ya está en impresión. Surge a raíz del hecho de que tengo el privilegio de asistir a los juicios contra Trinidad en los Estados Unidos. Es un libro que navega entre las aguas de la biografía y el reportaje. Primero era una gran crónica sobre los juicios a él pero con el paso del tiempo se fue volviendo una biografía también, porque me fui encontrando con un ser humano de unas proporciones formidables. Yo había conocido a Simón en los diálogos en el Caguán y hablé con el muchas veces, pasábamos noches enteras dedicados a desmenuzar éste país, a hablar de muchos temas, lo conocí bastante bien, le conocí su mundo afectivo, le conocí su compañera, su hijita; rehice la idea de que era una gran dirigente, un personaje de una gran estatura pero cuando ocurre su captura en Quito, su extradición a Estados Unidos, el comportamiento que tiene durante el juicio y el acercamiento que logro con su familia me hacen ver un personaje de una talla realmente formidable, creo que es uno de los colombianos más sobresalientes de éste siglo y pues me sumergí en su vida. Es impresionante y yo me pregunto cómo hace una persona como él que vive 24 horas del día en estado de confinamiento, no de aislamiento. Confinamiento, en una celda de menos de 2 X 2, en la que nunca apagan la luz, cómo hace una persona para mantenerse e ir al juicio y saludarlo a uno y reír y mantenerse en sus cabales.
¿Por que salió de Telesur?
Salgo de Telesur al sentir que ya he cumplido la tarea de montar el canal. Fue una experiencia única, se la agradezco a la vida porque esa vaina empezó en un cuarto del hotel Hilton, tres pelagatos echando números soñando ahí parrillas y demás y terminamos con el canal al aire, con corresponsalías en todo el continente, una sede muy bonita, estudios, cámaras, todo nuevo. Sin embargo durante el proceso me encontré con dificultades, incompatibilidades de forma de ser, mirar y de concebir el canal con algunas personas y eso no se pudo, atenuar sino que al contrario fue aumentando. Me preocupaba mucho por ejemplo la línea editorial tan vacilante y tan errante del canal frente a Colombia: Tuve un par de enfrentamientos con directivos que estaban más arriba que y derivaron en un atmósfera insostenible.
¿Cómo ve el desarrollo del Canal?
Le falta, pero también creo que ha mejorado, tiene construida una identidad visual, un buen despliegue técnico, hace una buena cantidad de satélites, está muy presente en los momentos cruciales del acontecer político y social de América. Sin embargo el gran problema del Canal es que no ha podido penetrar, no se ve o se ve muy poco. Le hace falta gestión, falta visión, pero creo que es la mejor idea que ha ocurrido en América Latina en materia de comunicación en los últimos años y está muy vigente. Si esa vaina se le empuja, pega muy fuerte.
Varios productores han mostrado su interés en llevar sus libros al cine. ¿Qué hay con esto?
Sí, es el caso de “Espérame en el cielo Capitán”. Alguien, me contactó hace como un año y compraron los derechos. Conversamos sobre cuál era la idea, quién iba a ser el guionista, el director en fin. El guión ya esta listo, recientemente figuró entre los ganadores de
Hay propuestas para llevar al cine otros de sus libros?.
No. Pienso que la novela que estoy escribiendo sobre presas que se fugan de la cárcel el Buen Pastor es una historia muy cinematográfica. Por ahora…, toda mi concentración y empeño esta en “Así se hizo el intercambio”.
Soy un bufón público
En el siguiente texto, el célebre pintor español, devela la farsa del arte contemporáneo y anuncia amargamente su trasfondo de mercantilismo y de usura. Un memorable y poco conocido texto que merece la reflexión de nuestros 28.000 con-fabuladores.
Cuando yo era joven, igual que todos los jóvenes, tuve la religión del arte, del gran arte; pero con el correr de los años me he dado cuenta de que el arte, tal y como se lo concebía hasta el final de 1800, ya está acabado, moribundo, condenado, y que la pretendida actividad artística, con todo su florecimiento, no es más que la manifestación multiforme de su agonía. Nosotros ya no sentimos el arte como una necesidad vital, una necesidad espiritual, como ocurría en los siglos pasados.
Muchos de entre nosotros, siguen siendo artistas y ocupándose del arte por unas razones que tienen muy poco que ver con el verdadero arte, sino por espíritu de imitación, por nostalgia de la tradición, por inercia, por el gusto de la ostentación, del lujo, de la curiosidad intelectual, por moda o por cálculo. Viven todavía por costumbre y por esnobismo, en un reciente pasado, pero la gran mayoría de ellos, en todos los medios, no tienen ya una pasión sincera por el arte, al cual consideran todo lo más, como una diversión, un ocio y ornamento.
Las nuevas generaciones, amantes de la mecánica y del deporte, más sinceras, más cínicas y brutales, irán dejando el arte poco a poco relegado a los museos y a las bibliotecas, como una incomprensible e inútil reliquia del pasado. En el momento en que el arte ya no es alimento de los mejores, el artista puede exteriorizar su talento en toda clase de tentativas, de nuevas fórmulas, en todos los caprichos y fantasías, en todos los expedientes de la charlatanería intelectual. El pueblo ya no busca ni consuelo ni exaltación en las artes. Y los refinados, los ricos, los ociosos, los destiladores de quintaesencias buscan lo nuevo, lo extraordinario, lo original, lo extravagante, lo escandaloso. Por mi parte, desde el “cubismo” y más lejos aún, he contentado a esos señores y a esos críticos con las múltiples extravagancias que me han venido a la cabeza, y cuando menos las han comprendido, más las han admirado. A fuerza de divertirme con todos estos juegos, con todas esas paparruchas, esos rompecabezas, acertijos y arabescos, me hice célebre rápidamente. Y la celebridad significa para un pintor: ventas, ganancias, fortuna, riqueza. En la actualidad, como sabéis, soy célebre y muy rico. Pero cuando estoy a solas conmigo mismo, no tengo el valor de considerarme artista en el sentido grande y antiguo de la palabra.
Ha habido grandes pintores como Giotto, Tiziano, Rembrandt y Goya. Yo no soy más que un bufón público que ha comprendido su tiempo. La mía es una amarga confesión, más dolorosa de lo que pueda parecer, pero que tiene el mérito de ser sincera.
Quemarropa: ¡Por qué no me callo!
A diferencia del gran poeta Álvaro Mutis, quien muere por ver un rey, no es mucha la gracia que me hacen los soberanos. Tal vez por haber crecido en el barrio Obrero, y estudiado en un establecimiento público, donde lo único notable que hice fue colaborar en el derrocamiento de un gobierno militar a pedrada limpia (iba a decir, a santa pedrada.) O tal vez por haberme vinculado a la iconoclasia, que nos impulsaba –tiempos aquellos de exagerados ardores- a “ahorcar al último tirano con las tripas del último cura.” Como se ve, tampoco veía con buenos ojos a los ‘gorilas’ en los gobiernos, y tampoco me era sufrible ningún gobierno.
Viene esto al caso con motivo del zafarrancho armado en la sesión plenaria de la Cumbre Iberoamericana el pasado sábado (10-11-07) en Chile, entre el presidente venezolano Hugo Chávez, el español José Luis Rodríguez Zapatero, el nicaragüense Daniel Ortega y el Rey Juan Carlos I de España. Uno de esos eventos donde se ven enfrentadas la pujante izquierda sobreviviente y la impetuosa derecha neoliberal -así el tema sea la cohesión social de la comunidad iberoamericana-, en los cuales debiera imperar, como en las nobles cortes, el tratamiento respetuoso y el modal diplomático.
Pero no hay que olvidar que en 1960, en la ONU, el primer ministro soviético Nikita Kruschev, aburrido de que no se le concediera la palabra –y tal vez furioso porque no se le permitía visitar Disneywold-, se quitó un zapato y lo azotó repetidas veces contra su curul hasta que las cámaras de televisión le pusieron bolas. Los izquierdistas recalcitrantes e inteligentes, para llamar la atención, no vacilan en apelar al truco circense.
Ortega criticó las actividades de una empresa española en su territorio y Chávez la de otra en el suyo. Y pasó a tildar al ex jefe de gobierno español José María Aznar de fascista, lo que implicó que el actual jefe de gobierno español entrara a defenderlo, a pesar de su antípoda posición ideológica. Ello dio pie para una altisonante reiteración de Chávez que hizo que su sacarreal majestad estallara con un estentóreo: ¿Por qué no te callas?, seguido de un ostentoso abandono del recinto.
El neoliberalismo afirma que el grosero fue Chávez y la izquierda exquisita que el patán fue el rey. Explica Chávez que Aznar tuvo que ver con el golpe que se le dio en 2002, y llegó a cuestionar al mismo rey (“Podrá ser muy rey...”) de también tener velas en el asunto.
No creo que la dignidad de un rey esté por encima de la de un jefe de estado elegido democráticamente. Desde que de niño escuché en la escuela el himno nacional de la república de Colombia me sigue resonando ese gran principio de que “el rey no es soberano”, por lo menos para nosotros los emancipados. Por muy bocón y desbordado que sea Chávez, como lo tildan los bieneducados, hay que reconocer que representa soberanamente a su pueblo. Mientras que el rey lo es por mandamiento divino. Cosa que dudo, por lo menos en este caso. Creo más bien que fue impuesto por Francisco Franco, españolete de la más triste recordación.
En la Ley de Sucesión en la Jefatura de Estado (julio-1947), el sucesor a título de Rey propuesto fue Juan Carlos Borbón y Battenberg, pero sus no muy cordiales relaciones con el Generalísimo hicieron posible un salto de garrocha que permitió el nombramiento de Juan Carlos como Príncipe de España. Fue un sucesor designado por Franco, y a la muerte de éste, el 20-11-75, juró acatar los principios del Movimiento Nacional, que perpetuarían el Franquismo. Sin embargo, ni bobo que fuera, promovió un referendo de reforma que contó con un apoyo del 94%, lo que le permitió ponerle conejo a su compromiso con los antiguos verdugos de España y derivar hacia la democracia. Fue proclamado Rey el día 22 y coronado el 27. Sólo 2 años después su padre, ante lo inevitable, abdicó a sus derechos dinásticos y a la jefatura de la Casa Real ante la joyita de su hijo.
Entre los delitos contra la democracia hay dos detonantes. El golpe de estado, como el que le dio el general Rojas a Laureano con el beneplácito de casi toda la población, y el fraude electoral, como el que le hicieron al general Rojas, con el beneplácito de la clase dirigente. Y en este paquete está la complicidad con los golpistas, de parte de los gobierno de otros países. Cómo no va a tener derecho el agraviado en ponerlo de presente en una reunión internacional. Pensaría el señor rey que Chávez, en la progresión de su cantaleta, no se limitaría a acusar a Aznar de fascista y de haber colaborado con el golpe que casi lo tumba, sino que iba a llegar a mencionarlo a él, como indirectamente lo ha hecho en otros contextos, y por eso protesto y se abrió. Y así vimos que en Chile llegó el reyecito y mandó a callar.
En este momento, en España, el “¿Por qué no te callas?”, en la voz del monarca, está siendo usado como ringtone para celulares. Y sobre esa burla popular de los mismos españoles nadie protesta. Yo tampoco me burlo pero no me callo, porque no soy lacayo ni soy cipayo.
Carta al legislador de la Ley de Estupefacientes
Señor legislador:
Señor legislador de la ley de 1916, aceptada por el decreto de julio de 1917 sobre estupefacientes, eres un cretino.
Tu ley no sirve más que para fastidiar la farmacia mundial sin beneficio para el nivel toxicómano de la nación porque:
1. El número de toxicómanos que se aprovisionan en las farmacias es mínimo.
2. Los verdaderos toxicómanos no se aprovisionan en las farmacias.
3. Los toxicómanos que se aprovisionan en las farmacias son todos enfermos.
4. El número de toxicómanos enfermos es mínimo comparado con el de toxicómanos por placer.
5. Las restricciones farmacéuticas de la droga no molestarán jamás a los toxicómanos voluptuosos y organizados.
7. Siempre habrá toxicómanos por vicio de forma, por pasión.
8. Los toxicómanos enfermos tienen sobre la sociedad un derecho imperecedero, que se les deje en paz.
Es, sobre todo, una cuestión de conciencia.
La ley de estupefacientes pone en manos del inspector-usurpador de la salud pública el derecho de disponer del dolor de los hombres; es una pretensión singular de la medicina moderna el querer dictar sus reglas a la conciencia de cada uno. Todos los balidos de la carta oficial no tienen poder de acción frente a este acto de conciencia: más aun que la muerte, yo soy el dueño de mi dolor. Todo hombre es juez, y juez exclusivo, de la cantidad de dolor físico, y de la vacuidad mental que pueda soportar honestamente.
Lucidez o inlucidez, hay una lucidez que ninguna enfermedad podrá quitarme, es la que me dicta el sentimiento de mi vida física. Y si yo he perdido mi lucidez, la medicina no tiene otra cosa que hacer más que darme las sustancias que me permiten recuperar el uso de esa lucidez.
Señores dictadores de la escuela farmacéutica de Francia, sois unos pedantes roñosos; hay una cosa que debería medir mejor: que el opio es esa imprescindible e imperiosa sustancia que devuelve a la vida de su alma a quienes tuvieron la desgracia de perderla.
Hay un mal contra el cual el opio es soberano, y ese mal se llama Angustia, en su forma mental, médica, psicológica, lógica o farmacéutica, como quieran.
La Angustia que hace locos.
La Angustia que hace suicidas.
La Angustia que hace condenados.
La Angustia que la medicina no conoce.
La Angustia que vuestro doctor no comprende.
La Angustia que lesiona la vida.
La Angustia que rompe el cordón umbilical de la vida.
Por vuestra inicua ley ponéis en manos de personas irresponsables, cretinos en medicina, farmacéuticos cochinos, jueces fraudulentos, doctores, comadronas, inspectores-doctorales, el derecho a disponer de mi angustia que es tan aguda como las agujas de todas las brújulas del infierno.
Temblores del cuerpo o del alma, no existe sismógrafo humano que permita llegar a una evaluación de mi dolor con precisión, que aquella, fulminante, de mi espíritu.
Toda la azarosa ciencia de los hombres no es superior al conocimiento inmediato que puedo tener de mi ser: Yo soy el único juez de lo que está en mí.
Volved a vuestros graneros, médicos hediondos, y tú también, Señor Legislador Moutonnier, que no deliras por amor a los hombres, sino por tradición de imbecilidad. Tu ignorancia de lo que es un hombre, sólo es igual a tu estupidez al pretender limitarlo. Yo te deseo que tu ley recaiga sobre tu padre, tu madre, tu mujer y tus hijos, y toda tu posteridad. Y ahora me trago tu ley.
Guasca: De municipio verde a municipio plástico
Guasca en lengua chibcha significa “Cercado de cerros” y es el nombre de un pueblo edificado en la falda de un monte, a 60 minutos de Bogotá, por la autopista norte, a 15 minutos de Guatavita.
Guasca fue fundado en 1.600 por el oidor Luis Enríquez y repoblado en 1.639 por el también oidor Gabriel de Carvajal quien en el empadronamiento contó 1.049 indios. Su población actual es de 11.345 habitantes.
Situado en el denominado “Valle Sagrado de Guasca” de los muiscas, donde también se encuentran las tres lagunas de Siecha, en el páramo de Guasca, a una altura de
En Guasca vivió y comenzó a escribir su obra El Carnero Juan Rodríguez Freyle, basada en relatos de su amigo don Juan, Cacique de Guatavita, y sus peleas con el Cacique Bogotá, en 1.537.
En sus
Guasca se encuentra en el proceso de certificarse como municipio ecoturístico, situación que favorecería los proyectos productivos y vitales de sus pobladores, en su mayoría propietarios de pequeñas parcelas o negocios en el casco urbano, muchos de los cuales desarrollan una agricultura basada en buenas prácticas agrícolas y orgánicas, evitando contaminar este fértil valle.
Sin embargo, floricultores con grandes negocios de exportación han decidido realizar, en el valle de Guasca, sus siembras en invernadero, generando contaminación visual (por el plástico de los mismos) y ambiental (por los funguicidas de las plantas) y poniendo en alto riesgo los cultivos de producción limpia y las fuentes de agua del municipio.
Que Guasca es un “municipio floricultor” es su argumento. Veamos: de los pobladores de Guasca ninguno posee cultivo de flores, de los 1.300 empleados de las floristerías apenas un 20% son nativos habitantes del municipio; tampoco existe un parque de las flores, ni ciclo rutas para los empleados, ni desarrollo social realizado por los inversionistas de las flores en procura del bienestar y calidad de vida de sus habitantes.
Otoniel Alberto Cifuentes, Alcalde de Guasca, denunció en reunión del Concejo Municipal del día 30 de mayo de 2007, que los numerosos habitantes llegados al municipio, atraídos por el empleo de las floristerías, están generando inseguridad, hurtos y drogadicción entre sus habitantes, además de una creciente demanda por servicios públicos y de salud que el municipio debe asumir y que restringe la prestación de los mismos para sus habitantes.
El empleo en las floristerías no es una alternativa económica para los guasqueños, en esta población se necesitan proyectos de vida productivos como los que se derivan del ecoturismo y de la siembra de productos limpios.
Y lo más grave: en diez años esta fuente de humedales, de verde y de vida puede acabarse por el uso industrial desmedido de sus tierras, por la aplicación de funguicidas y fertilizantes propios de las flores y por la utilización del agua, que es para todos, solamente para las grandes plantaciones de flores que en estos momentos la utilizan sin ninguna restricción ya que no existe regulación municipal al respecto.
Estas grandes empresas de flores, que son exportadoras, no tributan en Guasca, así el municipio no se beneficia en nada de su asentamiento.
En el Plan de Ordenamiento Territorial - POT de Guasca, se señala que se debe “desestimular el uso de invernaderos en los cultivos” sin explicar bien lo que eso significa; de hecho el último semestre se han construido más invernaderos que en los años anteriores, sin licencia por parte de
Es necesario que el Ministerio del Medio Ambiente, Corpoguavio, Asosiecha y la comunidad en general tengan conciencia del daño ecológico que se está cometiendo en el valle de Guasca, del desmejoramiento de la calidad de vida de sus habitantes, de su condición de municipio verde y de la situación social agravada por los foráneos que las floristerías atraen, y que juntos contribuyamos a salvar el que alguna vez fuera Valle Sagrado para nuestros ancestros.
La vocación de Guasca se encuentra en su maravillosa naturaleza: es un municipio lleno de verde, de lugares turísticos y de personas emprendedoras que desean ofrecer a los visitantes una alternativa diferente en turismo ecológico y, de paso, probar el mejor ajiaco del mundo, en la cuna del mismo: Guasca.
Poeta y periodista colombianaDel éxito del Polo al sueño del “Uribiato”
Uno de los Senadores con más aguzado espíritu crítico y mayor credibilidad del país, analiza las pasadas elecciones y sus futuras implicaciones políticas, en este artículo cedido exclusivamente para el análisis de nuestros 28.000 Con-fabuladores
Al Polo Democrático Alternativo le fue bien en las elecciones. Incluso tuvo éxito por anticipado, pues inscribió listas a concejos en 641 municipios, donde vive más del 90 por ciento de los colombianos, inscripción que marca un notable desarrollo organizativo para un partido con menos de dos años de constituido y en proceso de consolidarse. También avanzó porque aumentó en forma considerable el número de votos y de elegidos en relación con lo que obtuvieron, en los comicios regionales de 2003, las fuerzas que le dieron vida. Y ganó porque el que vence en Bogotá triunfa políticamente en toda Colombia, verdad que ratifica la envidia que transpiran las agresiones de Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos contra el Polo, antes y después de su derrota.
El significado de su éxito se acrecienta por darse en las elecciones menos democráticas de la historia de Colombia, en un país conocido por lo corrupto de sus procesos electorales. A la coacción clientelista de alcaldías y gobernaciones se le agregó la del propio jefe del Estado, quien se paseó repartiendo, como si saliera de su bolsillo y del de sus barones electorales, el llamado “gasto social” que financian los impuestos que pagan los mismos pobres que arrean a las urnas. Además, la campaña se realizó en medio de las limitaciones provocadas por los asesinatos de treinta dirigentes políticos –igual número que en 2003–, actos atroces que mostraron la diferencia que hay entre la realidad y la fantasiosa propaganda oficial y que evidencian lo lejos que se está de un Estado que brinde la elemental garantía de su monopolio sobre las armas.
Y el triunfo del Polo resalta además porque, en hechos sin antecedentes en la historia del país, el presidente Álvaro Uribe, con absoluta desfachatez, cual tirano, se dedicó a violar
En la tendenciosa embestida de Uribe contra el Polo del día anterior a las votaciones, cómo fue de notorio que no rechazó la coacción del paramilitarismo a los electores ni la participación en el debate electoral de los parapolíticos recluidos en las cárceles.
Para tirar una cortina de humo sobre el triunfo del Polo en Bogotá y sumarle otra ignominia a la actuación del gobierno, Juan Manuel Santos y el Comisionado de Paz armaron un falso positivo en contra de Carlos Gaviria, otro gran ganador de las elecciones, esta vez mediante el truco hasta ridículo de montarle una escandola por un artículo publicado, ¡en agosto!, en el diario El Tiempo. De seguir por este camino, Santos podría ganarse el mote de Falso Positivo Santos. E intentaron crucificar a Carlos Gaviria con el pretexto de que él, en coincidencia con
En una salida que probablemente también tiene que ver con la reconocida incapacidad mental de Uribe para manejar sus reveses, este aceptó su segunda reelección si con ello evitaba “una hecatombe”. Y aunque no puede decirse con certeza qué quiso decir, sí es seguro que en su momento procederá como se le dé la gana, de acuerdo con su estilo de recurrir a la retórica para crear “realidades” según sus conveniencias. ¿No empobreció a los trabajadores con una ley que alargó el día hasta las diez de la noche? ¿No “acabó” con el conflicto armado y con el paramilitarismo a punta de cuentos?
Pero el verdadero debate reside en si es democrático que nuevamente, y cuantas veces quieran, Uribe y su rosca cambien
Entrevista a José Ángel Leyva
En cercanía de
¿Cómo se verifican las relaciones entre Cultura y Estado en tu país?
Desde mi punto de vista, uno de los mayores patrimonios naturales es la cultura. México es un país con una gran diversidad humana y biológica, con una historia rica y un caudal enorme de manifestaciones de una sensibilidad creativa que se puede constatar no sólo en el arte y en la literatura, sino en las culturas populares. Me parece que aún no se entiende el valor de esta premisa, aunque todo el mundo hable de cultura. El ejemplo de España sería el de una nación y una sociedad que ha entendido el gran capital que representa la cultura, la herencia cultural, el patrimonio artístico e intelectual.
¿Cuáles son en México los vasos comunicantes entre la política y la cultura?
En México ha existido un maridaje entre los intelectuales y el gobierno desde el establecimiento del priismo (70 años de gobierno del Partido Revolucionario Institucional-PRI). Ese ogro filantrópico del que hablaba Octavio Paz. El priismo ha sido más que una forma de gobierno, una forma de vivir y de pensar, de actuar. Los partidos de oposición, los llamados de izquierda, están constituidos esencialmente por cuadros que provienen de esa fuerte tradición, que militaron durante años en ese partido y que salieron de allí sólo en el momento en que vieron que la nave iba hacía agua. Esa conciencia, por supuesto, nunca fue ni será crítica, es decir, capaz de examinarse a sí misma antes de cuestionar a su “contrario”, que en el fondo es su alma gemela, pero vista como reflejo deforme en un espejo.
¿Queda un espacio para la vocación crítica, para la reflexión intempestiva y develadora?
La iniciativa privada apoya una cultura determinada fundamentalmente por las grandes cadenas de televisión, una cultura ñoña y estúpida, carente de imaginación, o lo que denominamos Cultura Televisa. Pero la gran cultura, no se hace necesariamente con los apoyos del Estado, crece y se reproduce independientemente de esa maquinaria coercitiva, mediática, mediocrizante. Hay una fuerza independiente muy grande, una dinámica en la cultura y la contracultura que obliga al Estado a buscar un diálogo para no ser rebasado, aunque siempre resulta así.
¿Si pensamos en aspectos como estímulo a la lectura y formación de público, cómo se vienen comportado, en tu país, las ferias del libro? ¿Ellas ahora van cediendo espacio a una cultura del espectáculo?
Las Ferias de Libro, como la muy exitosa Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, la de Monterrey, la de Minería, entre otras, son en gran medida espectáculo, pero en el caso de Guadalajara son también un gran negocio. No creo que las Ferias del libro sean un factor determinante en la promoción y fomento de la lectura y de los libros, pero sí son útiles y es necesario apoyarlas. Los editores ven a las Ferias como vitrinas y actos culturales donde invierten más de lo que ganan. Para los escritores son también escaparates y plataformas de promoción.
La banalización de la cultura está echando raíces de manera dramática en Colombia. También en México se siente su avance?
No estoy en contra del espectáculo si éste es bueno y sustancioso, como todo buen espectáculo. La banalización de la lectura y la frivolización del papel de los escritores sí me parece lamentable, pero me parece que no sucede a menudo en este tipo de encuentros y de actividades encaminadas a promover la lectura. El contacto de los autores con los lectores es muy positivo. Firmas de libros, charlas, elaboración de periódicos locales de cada feria para dar a conocer internamente los acontecimientos que la prensa local no va a cubrir porque en general no les interesa, es una medida muy aconsejable. Esto lo pueden hacer como ejercicio estudiantes avanzados de periodismo bajo la guía de una buen periodista experimentado. En verdad, los resultados son siempre buenos y la gente lee, se descubre en ese contexto.
¿Cómo extender el abrazo de solidaridad entre las distintas culturas?
Sería bueno entonces romper las barreras haciéndonos más presentes, impulsando proyectos de la sociedad civil, de esa cultura informal, de esa cultural no oficial, y también de la oficial, pero sobre todo de la primera que es la que verdaderamente nos representa. En esta incluyo los esfuerzos autogestivos de los agentes culturales que hacemos las revistas, las editoriales independientes, el cine, el teatro, etcétera. No debemos dejar de lado la experiencia fantástica de Internet, donde muchos de nosotros nos hemos descubierto.
Entrevista con Antonio Morales
Por Marcos Fabián Herrera
El obstinado y agudo periodista Antonio Morales, entrañable cómplice del Humorista asesinado Jaime Garzón, dialogó con Con-Fabulación. El libretista del recordado programa de humor político Quac con inteligente desparpajo y demoledora reflexión asesta dardos y quiebra lanzas sobre el periodismo Colombiano y los poderosos del país.
¿Existen condiciones en el país para el ejercicio de un periodismo sin cortapisas y comprometido con el develamiento de la verdad?
La diferencia entre quienes creen tener la verdad y la verdad misma, es que esta no existe. Ellos creen que existe, y la exhiben. La duda es el hilo conductor hacia un punto cada vez más distante. La duda es, entonces, la diferencia.
Su trabajo junto a Jaime Garzón y su posterior exilio, ¿qué enseñanza le deja en su carrera periodística?
El trabajo en Quac me dejó una infinita serie de risotadas. Mi carrera es una gritería, un aprovechamiento de papayas, la utilización de aquellos instantes que abren el espacio de la ironía.
¿Es Colombia un país refractario al humor político?
Colombia no. Colombia es una maravilla multi bacana: El país de los poderosos es refractario a todo. A la dignidad del pueblo, a la nutrición, a la equidad.
¿Qué opinión tiene sobre la calidad del periodismo televisivo y escrito que se hace en Colombia?
La peor.
¿Existen espacios en los medios colombianos para los periodistas independientes y ajenos a cualquier grupo de poder?
No. Construir la independencia pasaría en el periodismo necesariamente por la necesidad de apabullar con lucidez a Francisco de Paula Santander, el origen y el causante de nuestro horror contemporáneo.
¿Cómo contrarrestar el unanimismo informativo que impera en el país?
Construyendo un escenario en el cual se pueda romper la supuesta libertad de prensa que no es nada distinto que la libertad de empresa, la de quienes tienen influencia y billete. Es decir, creando empresas periodísticas capitalistas (no hay otra opción) cuya razón social sea sobrevivir y ganar el espacio tierno del corazón de la gente de este país.
¿Cómo valora el papel de las escuelas de periodismo en la cualificación del mismo?
Habría que situar el humanismo en el corazón de la academia.
Contra una literatura domeñada
La escena política del Brasil contamina toda posibilidad de diálogo con la cultura hispanoamericana. Hay una presunción estrafalaria por parte del intelectual de sentirse superior al ambiente cultural que le es vecino. La gran prensa explota este complejo nuestro y excita la tensión malsana de esa polaridad. Así eliminamos, por ejemplo, cualquier posibilidad de aceptar la vida cultural sustantiva, históricamente consolidada, participante activa de todos los procesos artísticos, en países como Cuba, Bolivia y Venezuela. Los hermanos –término vulgar e irrespetuoso con el que hasta incluso escritores brasileños tratan a sus pares vecinos de lengua española– son recibidos en el Brasil por una contingencia del mercado editorial internacional (en especial, la entrada en el país de grupos editoriales españoles). Sus autores no son los más representativos (justamente los que lo son no están allí por esa razón) sino aquellos que siguen un maquiavélico abecé estético que restringe a códigos mínimos de género y estilo lo aceptable en términos literarios.
Difícil panorama para ser previsto, sobre todo en un país como el Brasil, que siempre fue un completo ausente en lo que comporte un diálogo, de cualquier orden, con lo que le es exterior, y, peor aún, interior. Nuestra vergüenza de aceptar lo que somos nos llevó siempre a inventar un mundo lleno de fantasías, idealizando un ambiente internacional en el cual éramos aceptados de forma mágica, código delirante acentuado por el fútbol, el carnaval y el esplendor inexplicablemente inalcanzable de una cultura que continúa forjando magnitudes estéticas de asombrosa grandeza. Claro que ya no percibimos, cegados por la gran prensa, dónde duermen esas piedras mágicas contemporáneas.
Ejemplos de esta ausencia de diálogo encubierta por un diálogo de los media pueden hallarse en los espacios que la mediana y la gran prensa dedican a la literatura hispanoamericana, y en las fiestas literarias, eventos que funcionan ecológicamente como simbiontes, organismos que toman parte en una simbiosis, que se apropian de ella, una forma de violación de un proceso de cambio. Si se diera el caso de que la prensa (de cualquier porte) se tomara el trabajo de preguntar a los autores invitados a esos eventos cómo se sienten participando de un proceso proclamado como de aproximación cultural, seguramente la respuesta expresaría un malestar muy grande, un desencanto, una sorpresa angustiante, considerando la expectativa inmensa, la felicidad intensa y auténtica, por parte de todos ellos, de venir al Brasil. Sin embargo, aquí son tratados como extraños, excepción hecha de los mascarones de proa del ambiente del libro-mercado internacional.
Las distinciones establecidas por la curaduría de esos eventos o por el manual de prensa de los periódicos son todas de orden mercadotécnico (en algunos casos hasta bien determinadas por una limitación política), y en ninguna circunstancia tienen en cuenta, como elemento decisivo, el ambiente estético, la valoración de los autores, y menos aún se muestran interesadas en realizar la integración cínicamente pregonada. Al vivo, también nuestros escritores, primadonnas ya aclamadas o camino de la gloria, siguen dando al mundo un aire pueblerino de alienación. Es una ecuación curiosa esta: no formamos parte del mundo, pero queremos que el mundo forme parte de nosotros.
Muchos de esos escritores rezan por el vademécum de la gran prensa y se creen con derecho a referirse a un delicado ambiente político vecino como de restricción de las libertades, orgullosos de su gesto democrático de reconocer al otro sólo de forma circunstancial.
Hay culturas pobres y ricas, bien sedimentadas o quebrantadas en innumerables aspectos, pero lo que pasa en el Brasil es un caso extraño de vulgaridad, de indescriptible talento para lo mediocre, para lo despreciable desde el punto de vista humano, para la insociabilidad perenne, si entendemos la sociabilidad como ansia de enriquecimiento existencial a través del diálogo.
Es vergonzosa la manera como nos comportamos actualmente ante esta moda mal disimulada a la que llamamos aproximación a la cultura hispanoamericana. No comprendemos –y lo peor es que no tenemos ningún interés en comprender– qué está pasando entre las dos partes de la relación arriba mencionada: los que actúan en la construcción de una identidad cultural, y los que se empecinan en el fortalecimiento de barreras que impiden la visibilidad de nuevas conexiones de enriquecimiento humano.
Nosotros, como editores y escritores hemos participado en eventos dentro y fuera del Brasil, donde se comprueba este hiato persistente, una renuencia incivil, estúpida y excesiva de nuestros escritores a manifestarse, a dejar de ser disimulados, a expresar lo que les duele, sus razones de ser. Si no lo hacen, al menos que dejen de decir que son socios de esta moda: el interés de la gran prensa por la literatura hispanoamericana.
El grito de los muros: Jairo Alberto López
Importantes actos de convencimiento existen en la vida de un poeta; y el más determinante de ellos, acaso sea, erigir su propia luz para revelar en las páginas de un primer libro: su cúmulo de impactos, sus proximidades, sus distancias y todo aquello que execre. Un primer libro, desde luego, producto de diversos avances, de variados afectos; y producto también, de una especial voluntad por suscitar miradas esenciales. Consciente de lo anterior y del sitio del hombre a través de percepciones cotidianas, surge este libro de Jairo Alberto López.
En su obra, vemos diversos matices de asombro que se observan a sí mismos: Habito este cuerpo en el claro-oscuro de otras formas... Una poesía clara, estremecida, llena de voces que advierten fúnebres puertas cuando el recuerdo mismo, persiste en agredir: Puente, tiempo congelado del río... Inacabable instante que concibe corrientes detenidas tras el difícil tránsito del evento.
Este iniciático trasegar por el verso presenta igualmente arcos de extrañeza ante el beso de libélulas; árboles que no saben explicar sus cambios de piel; sinceridades que quieren completar la asfixia para los sobrevivientes; y entre muchos encuentros, el infaltable escenario de siluetas que por oscuras familiaridades eludimos.
En El grito de los muros, las múltiples presencias que edifican el texto, desprenden su rostro cotidiano para reclamar el nuestro y salvarlo con una mirada diferente: Si cayera yo por las muertes venideras, no pesarían tanto las muertes no vividas... Una obra que nos recuerda que la naturaleza del poema siempre es alcance que trasciende la estética; que implanta el diálogo en la intimidad del hombre, favorablemente construida con la vital sustancia del absurdo.
Como manifestación sensible que comprende el papel y el destacado sitio del entorno, uno de sus poemas nos dice: En la tierra, se encallan mis manos. Y por mi amor a ella, inacabable, siento el florecer de cada tumba y las marcas en el suelo cargadas de fusiles... El de Jairo, es un trabajo desvelado por las horas más humanas aun en elementales preguntas: ¿cómo quedarse en el abrazo si sabemos que está la despedida?... ¿cómo ver en cada ojo de la casa que alguien nos espere sin el rostro del regreso?... Versos concisos, con especial fuerza de expresión, fácilmente apreciada en el estremecimiento y en la estatura de sus imágenes. Un gran muestrario y un gran ajuste de las técnicas, que van desde el poema corto, hasta el lúcido destello del largo aliento. Sintaxis que abraza nuestros ojos. Páginas que enuncian hechos que flagelan etapas; que nos dejan ver al tiempo, no como simple hecho que se emplaza en las horas, sino que permiten confrontarnos con él; con su orden, su sumario, su cúspide y la degradación de su devenir. El amor, la inmanente esfera, es otra de sus palpitaciones: Quiero volver antes del olvido. Nada me reconocería sin ti... Acertada longitud emocional de la nostalgia del presente que Borges alguna vez nos mencionó. Oscuridades que refulgen y un personal acento que en reflexiva tonalidad nos vincula con la noche, se aprecian, entre muchas atmósferas, en este libro; que como voluntad literaria busca ampliar la convocatoria por el requerido suceso poético en nuestro país. Un país que sabe, que entera o ratifica –según el caso– que la poesía es la única voz realmente lícita del hombre; que sólo por ella seremos revelados; y que ella misma, es y será la entraña responsable que nos oriente, en tanto la compulsión del mundo persista en devastarnos y una esperanza distinta a la poética, nos quiera disminuir.
Entrevista a Salud Hernández
Usted ha viajado de manera incesante por una Colombia tan desconocida y dolorosa como verdadera. ¿Qué importancia tendría despertar la voz de esa Colombia?
Si la gente despertara, el país sería otro. No permitirían la corrupción, no agacharían la cabeza frente a los violentos, exigirían sus derechos. En fin, sería otro país.
¿Los Medios de comunicación colombianos, son testigos de excepción o cómplices de primera línea?
Son testigos y pecadores por omisión. A veces, también cómplices, pero no nos denunciamos entre nosotros, miramos para otro lado.
¿Cómo definiría usted a la clase política colombiana?
Como corrupta por acción u omisión. Existen unos buenos, que los hay, pero son demasiado pocos.
Al término del mandato de Uribe, ¿cómo quedará Colombia?
Mejor en unos aspectos, como la recuperación de la confianza en el país, igual en otros, como la pobreza, la falta de valores, la corrupción, que no ha combatido con fuerza. Por tanto, habrá desperdiciado su inmenso poder y capacidad de convicción para cambiar el país de raíz.
¿Usted ha recibido amenazas, chantajes, extorsiones o “insinuaciones amables” para cambiar su visión de la realidad colombiana?
Nunca hablo de eso.
En Colombia los editores de los grandes periódicos saltan a los ministerios o a la vice-presidencia. ¿Cómo analiza esa vinculación del poder y la prensa?
No es buena porque genera desconfianzas, falta de credibilidad, además, no puedo entender cómo a los periodistas les gusta tanto la política que es rastrera, sucia, traicionera.
En sus años de permanencia en Colombia ¿cual fue el momento más esperanzador y cual el más complicado y dramático?
Esperanzador, cuando el proceso del Caguán, cuando las primeras desmovilizaciones paracas. Todos eso se volvió dramático en cuanto supimos que eran falacias. Complicado ya no me parece nada porque las crisis duran 24 horas y dramáticos infinidad de hechos: cada asalto a poblaciones que lo arrasaban todo, las masacres, los secuestros, el terremoto de Armenia, Bojayá…
¿Cómo ve la libertad de prensa en un país como el nuestro?
Hay libertad en Bogotá, Medellín y Cali. Y autocensura en provincias pequeñas. Si los medios no se hubieran callado, el paramilitarismo, por ejemplo, no habría crecido tanto.
Parafraseando a Vargas Llosa: ¿en qué momento se jodió Colombia?
En 1492, en
Para rematar, usted cree en el castigo divino?
A la casa de Rivera la devoró la selva
Adiós a Germán Espinosa
Frente a la pléyade de títulos evanescentes y de mamelucos que van instaurándose en nuestras letras, la pérdida de Espinosa es grave: fue un innovador, una sensibilidad alerta, un vanguardista. Creó una suerte de novela histórica traspasada de imaginación y erotismo, que luego sería copiada únicamente en su parte más trivial. Junto a otros creadores como R.H Moreno Durán, Oscar Collazos, Augusto Pinilla o Roberto Burgos Cantor, formó una generación llena de inventiva.
Con su muerte quedamos en manos del kínder perpetrado por las grandes editoriales españolas.
El derviche y otros poemas: Jorge Cadavid

Desde que era estudiante en Sevilla, España, su autor se ha dedicado al estudio e investigación de la mística sufí, tan ajena a nuestros hábitos espirituales, a pesar de que ella está en la raíz misma de la poesía de San Juan de
Que en sus poemas palabras como giróvago, derviche, morada, gracia, danza, infinito, etc., se reiteren una y otra vez –¿cómo descreer del vocabulario esencial de un autor?– deja muy en claro el carácter y la índole de su perplejidad. Poemas, además, que al acatar el relato de un instante privilegiado, inmerso de todas maneras en la trama de los hechos corrientes, hacen también suya una dificultad o paradoja: el verbo es el suceso de una vislumbre que, por su naturaleza, no se puede expresar a cabalidad. O, mejor, que sólo se puede comunicar de manera indirecta o alegórica quizá porque, como nos lo dice el verso homérico, al hombre no le está dado mirar al dios a la cara.
Para ahondar en este camino, el autor se sirve de formas poéticas ya probadas por quienes, como él, han buscado comunicar una experiencia semejante: el canto llano, la composición breve. Para el poeta, la palabra y el poema han de adelgazarse hasta hacerse esenciales y, la mejor manera, por supuesto, no está en el adjetivo que se agrega, en los largos períodos compositivos, en la frondosa locuacidad sino, por el contrario, en el verso simple, certero y luminoso que tienta incluso al silencio, ya que aspira a la mayor de las plenitudes. ¿De qué otra manera podría construirse esa ebria amistad entre el instante y la eternidad, que es la materia de su poesía?:
“No sabe nombrar / pero dice la verdad
Además, porque, como tan bellamente lo dice:
“La huella luminosa / es devorada por sus reflejos”.
Quien busca lo inefable, en lo inefable se pierde. Reflejo verbal, testimonio de una gracia, este libro y estos poemas, con todo, evidencian un sentimiento muy particular, pues no participan de ortodoxias, dogmas o credos, no acuden a un Dios conocido. Hablan de una religiosidad sin religión y de un sentimiento que rehace a cada momento sus propios caminos por privilegio de la poesía.
Poesía, pues, leal a tiempos de incertidumbre como éstos y que, al afirmar el humano quehacer, lo hace por esto…por incierto. Y porque en ello se fundamenta toda su grandeza.
Entrevista con Jorge Enrique Robledo
En esta entrevista exclusiva para Con-Fabulación, el Senador del Polo Democrático, Jorge Enrique Robledo, uno de los más carismáticos líderes de ¿Es tan malo el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos?
Sí. E incluso puede ser peor. Porque no es posible prever todas las consecuencias negativas que se darán con el tiempo. Con franqueza tengo que decir que a pesar de que yo fui uno de los colombianos que advertimos en contra de la primera etapa del libre comercio iniciada en Colombia en 1990 –en esos días llamada neoliberalismo, apertura y privatización–, sus efectos superaron mis peores advertencias. No perdamos de vista que el TLC convierte a Colombia en una especie de colonia de Estados Unidos, condición que facilitará que el día de mañana
¿Qué opina del enfrentamiento de Álvaro Uribe con
Es de lo más grave que ha ocurrido en Colombia. Porque empeora la situación de la llamada democracia colombiana, la cual, la verdad sea dicha, tiene aspectos democráticos pero no es realmente democrática. Y la empeora porque, según
Es evidente que Uribe quiere que
¿ Logrará el presidente imponer su ley a favor de la parapolítica?
No es fácil adivinarle el pensamiento a nadie. Pero hay hechos que orientan, además de su conocida naturaleza despótica y retardataria. La contradicción empezó porque
Pero en todo caso, sea cual sea la razón de Uribe para agredir a
¿Cómo va la campaña electoral del Polo?
Muy bien. Avanzamos en el proceso de consolidación del Partido. Inscribimos listas de concejo en 641 municipios y de diputados en 27 departamentos, vamos a elegir un número importante de dirigentes a las diferentes corporaciones y obtendremos triunfos de importancia nacional, como el de la alcaldía de Bogotá, donde Samuel Moreno le ganará a Peñalosa.
¿Pero no está dividido el Polo?
Cuentos de la extrema Derecha uribista que siente pasos de animal grande, porque sabe que los colombianos descubrirán tarde o temprano sus marrullas, y porque también sabe que ese día empezará el cambio que requiere Colombia. Lo que ella busca es un Polo que no le genere ningún riesgo, por lo que lo necesita dividido o cooptado por las concepciones regresivas. De otra parte, es natural que en cualquier organización de los seres humanos haya matices, énfasis, estilos, y de allí no se deduce que todas estén divididas. Recuerde la consulta entre Navarro y Gaviria. O que yo, por ejemplo, le esté haciendo fuerza a la elección de Aurelio Suárez como concejal del Polo en Bogotá, de donde no puede deducirse que carezca de coincidencias fundamentales con los otros candidatos que tenemos a esa corporación.
Vemos muchas carencias en las propuestas de todos los candidatos en lo relativo a la cultura. ¿Será posible algún día soñar con la cristalización de una ley que proteja a los artistas colombianos?
Es cierto que la cultura suele ser la cenicienta de los programas políticos. Es probable que esto pueda explicarse por la concepción, equivocada a mi juicio, de que su importancia es menor en un país con tantos problemas. En el Ideario de Unidad del Polo (su programa) la consideramos y es de mí interés, por mi formación y vida profesional y porque le interesa a la tendencia a la que pertenezco en el Polo. La revista Deslinde acaba de abrir una sección especializada sobre cultura y Aurelio Suárez viene promoviendo un grupo de bogotanos interesados en este tema, con el propósito de unificar ideas y propuestas al respecto, de forma que pueda promoverlas desde el concejo del Distrito.
La droga y lo divino
E-mail: comunpresencia@yahoo.com
«Oh justo, sutil y poderoso opio!... ¡Sólo tú proporcionas al hombre esos tesoros, tú posees las llaves del paraíso!», había exclamado Thomas De Quincey –mucho antes, como se supondrá–, de la visión policiva impuesta contra la droga por los Estados Unidos, donde impera como siempre una doble moral y un trasunto económico.
Es conocido por todos que la matemática de este comercio siniestro deja su saldo en rojo en los países productores, peyorativamente llamados del tercer mundo, que en verdad cada vez están más cerca del otro mundo, o del inframundo para ser explícitos, como pretende la voraz política de naciones imperantes en el globo.
Según
La diferencia es gigantesca, y como es lógico, la cuantiosa cifra de las personas asesinadas por las mafias no puede compararse con la de las víctimas de sobredosis de alguna de estas drogas que por ignorancia son llamadas estupefacientes (sustancia que hace perder la sensibilidad), o narcóticos (otro equívoco de la legislación policiva pues el término alude a una sustancia que adormece; y quienes conocen la cocaína hallarán de inmediato la contradicción). Es conocido también que el 84% del dinero de la cadena del narcotráfico se queda en Estados Unidos o los países europeos y sólo el 16% llega a los territorios productores como Colombia, para fortalecer allá la economía de los países consumidores, y aquí a las pequeñas hordas de traqueteros y otros seres de costumbres estridentes y delictivas; además –es necesario decirlo–, de financiar a paramilitares que han decidido que nuestros ríos sean sólo navegables para los cadáveres; y a los guerrilleros que sueñan todavía con minar la estructura del imperio norteamericano con la mejor cocaína del mundo. Sobra agregar que esta ola de sangre no puede ser detenida mientras existan intereses económicos protegidos por legislaciones de doble moral, y mientras el precio de un gramo de cocaína en Colombia se multiplique por 40 en Estados Unidos y por 300 en Nueva Zelanda. A juzgar por las estadísticas, el dinero –y su ambición– será siempre más criminal que el poder originalmente sagrado de estas sustancias psicoactivas.
Que las plantas otrora sagradas (hongos, canabis, peyote, opio, datura, yagé, ololiuqui, sanpedro, coca…) con las cuales el hombre se comunicaba casi telefónicamente con los dioses, con el poderoso y fascinante argumento de que el cambio del ángulo de percepción es definitivo para la sabiduría, se hayan convertido en el vil comercio propiciador de desconocimiento y rapacidad, planteado al comienzo, no puede sorprendernos; pero sí el hecho de que éste vehículo cuya existencia es tan antigua como la cultura, y más que eso, clave de ese descubrimiento del más allá que fundó para muchos investigadores el espíritu religioso y la trascendencia artística, se haya convertido en la clave sustentadora de la novela negra que parece ser hoy por hoy nuestra sociedad
Es sabido que los dioses se convierten en demonios, y que las deidades del opio, del teonánacatl o de la coca, son creaturas proscritas, pero debemos recordar que durante la década del cincuenta, en forma consecuente, algunos quisieron recobrar la fuente primitiva de este diálogo divino, guiados por los grandes poetas: Gautier, Baudelaire, Rimbaud, Michaux; por los escritores norteamericanos Edgar Allan Poe, y por supuesto por Aldous Huxley, quien había dicho genialmente a partir de su experiencia con la mezcalina: «Si las puertas de la percepción quedaran depuradas, todo se habría de mostrar al hombre tal cual es: infinito».
Jünger, Benjamín, Cocteau, Burroughs, Malraux, serían sólo algunos de los numerosos artistas que emprenderían sus ceremonias de conocimiento. Pero las drogas de este nuevo milenio han prescindido de sus ritos y al parecer hemos echado cerrojos en todas las puertas posibles para encontrar el paraíso. Lo que era sagrado se ha convertido en una cruenta fórmula de usura o en un simple pasatiempo. Los rituales fueron arrasados. Y aunque el hombre intentará escapar –como lo ha hecho desde siempre–, encontrar el olvido o simplemente percibir de otra forma, mucho más reveladora quizá –desarreglando los sentidos como decía Rimbaud–, la cultura del lucro se sigue imponiendo con su incesante río de sangre.
Por eso cada vez es más urgente recordar las categóricas palabras con las cuales el poeta mexicano Octavio Paz, Premio Nobel de Literatura, en una entrevista que realizáramos para la revista Común Presencia en 1992, se declaraba a favor de la legalización de la droga:
«Ustedes los colombianos no han podido escapar a la violencia de su país... Conozco en parte las caras de esa desgarradura, la del narcotráfico, la del hambre y las desigualdades sociales, la de los grupos paramilitares... Pero lo que más me produce desolación es la debilidad política de nuestros gobernantes. Sin duda, lo único que puede suprimir esa violencia decretada por el tráfico de drogas es su legalización. Algunas veces lo he dicho públicamente... Y me parece increíble que los artistas más reconocidos de Latinoamérica no presenten enfáticamente la necesidad de la legalización. ¿Por qué los escritores no se comprometen contra una historia que debe ser desviada? Por favor digan esto allá, es importante que lo digan en su país y en todas partes: yo me pronuncio a favor de la legalización de la droga, y espero que esto sirva de algo. Ojalá fuese un punto de partida para el diálogo, y para hallar un dique contra ese río de sangre que los azota, y que nos fustiga también a los mexicanos».
No es necesario agregar más. Es importante que entrado el siglo XXI se reviva el debate, que no caigamos en el artilugio de despenalizar o legalizar, que recordemos que para la fundación de la cultura fue esencial el conocimiento de estas mágicas sustancias que la modernidad ha des-ritualizado, que tenían connotaciones místicas y proféticas, que hacían parte de ceremonias de alianza divina, y por eso nos parece legítimo exigir que el control sobre la droga lo ejerzan las instituciones médicas y no las mafias y la policía corrupta, porque como diría José Saramago, ya es tiempo de esforzarnos por legalizar la droga, aunque primero –lo cual es incuestionable– debamos esforzarnos por legalizar el pan.
¿Qué le ha sorprendido de Colombia?
—El gran potencial artístico que es el país. Hay una explosión y una ebullición en las artes, un gran nivel cultural, un deseo de expresarse en lo artístico. Uno lo percibe en la misma gente que incluso aparentemente no tiene nada que ver con el arte, hay una actitud hacia lo artístico. Y eso no es ahora. Vemos que Colombia es además uno de los países con mayor presencia en la música. Para mí es el país latinoamericano más artístico que he conocido.
Lo que uno percibe es que detrás de cada una de sus canciones hay un poeta. ¿Cómo es su relación con la poesía?
—Me dejo llevar por la poesía. Soy un lector voraz desde los 17 años. Lo que persigo en mis canciones es la emoción, las ansias de decir. Creo que es lo que más me interesa. Emocionare es lo más importante. Pintar con palabras me ha ayudado muchísimo. Lo único fundamental es amar lo que uno hace. En eso soy egoísta: las canciones tienen que gustarme a mí. Trabajo las emociones. Leo mucha poesía.
¿A qué poetas relee?
—Me gusta César Vallejo, García Lorca, Pablo Neruda, Jaime Sabines. La novela que más me ha impresionado es Cien años de soledad, de García Márquez, pero El amor en los tiempos del cólera me motivó a hacer una canción. Las novelas de Vargas Llosa, La fiesta del chivo y Travesuras de la niña mala, me han conmovido. Soy lector de novelas y poemas. Muy joven leí El Quijote, de Cervantes, y La madre, de Gorki. A mí un texto me atrae cuando me golpea emocionalmente.
¿Cómo es la experiencia de convertir en música un texto?
—El texto es música también. A veces me tropiezo primero con la música. No me importa a veces cómo están escritas, quiero decir, lo que cuenta es que el poema transmita emociones. Empecé a escribir una novela y cuando iba por la página setenta me ocurrió una pequeña pero inolvidable tragedia: no sé qué ocurrió pero uno de mis dedos borró toda la novela. Empecé de manera desesperada a rescatar esas páginas, pero fue imposible. Creo que el chip de la literatura tiene una dimensión de tiempo distinta a la música. Una canción es una pequeña historia de tres minutos. Una novela se resuelve en cien o más páginas.
Ha dicho usted que la mujer tiene un alma ventajosa sobre el hombre...
—Es que nos llevan ventajas en la manera de ser y expresar sentimientos. No dan vueltas para abrazar y solidarizarse. Cuando tienen que llorar lloran, no se reprimen. Hace poco necesitaba escoger una entre tres canciones y no dudé en preguntarle a mi hija Adrian, y ella me dijo: La tercera. Esa sinceridad es contundente. Los hombres se manifiestan menos, tienden a la mentira y el complejo del macho les inhibe expresarse, son una mochila de culpas y complejos. La mujer no.
¿Cuál cree usted que es la canción que más lo ha conmovido?
—La más cercana a la perfección es la canción La construcción, de Chico Buarque, que es una de mis favoritas. Toda esa canción está hecha con un juego de esdrújulas: "Amó aquella vez como si fuese última, besó a su mujer como si fuese última, y a cada hijo suyo cual si fuese el único, y atravesó la calle con su paso tímido”.
Un hombre exitoso como Arjona, a qué le tiene miedo?
—Le tengo miedo al miedo. Soy un hombre que tiene muchos miedos pero los meto todos en una licuadora y sale uno solo. Cuando niño me sentía transparente. Era flaquito y sentía que las miradas me perforaban. Algo de loco debe tener un hombre a la hora de salir a un auditorio a cantarle a quince mil personas. Cada vez que ocurre eso yo lo vivo con la emoción y los miedos de la primera vez, y no creo que sea un libreto repetitivo. Me gusta la libertad, no me gusta acostumbrarme a que las cosas sean iguales. No hay que ser excesivamente serio. Hay que burlarse de uno mismo.
La urbanidad de Escobar
Durante muchas décadas, como un intruso engolado,
¿Qué Urbanidad remplazó a la urbanidad de Carreño?
Porque una sociedad siempre necesita de modelos a copiar, de vetos a seguir, de formulaciones que le den, aunque sea en apariencia, solidez y realidad.
Con frecuencia los maestros del erotismo enseñan que el objeto más deseado, aquel que encarna nuestro abismo y que, en el fondo, nos revela, produce vértigo, repulsa, indignación, rechazo, terror, hilaridad: Es la imagen que nos reflejaría si nos paráramos frente a un verdadero espejo.
Pues resulta que, curiosamente, hace años, con o sin inocencia, la mayor parte de la sociedad colombiana tiene vértigo, repulsa, indignación, rechazo, terror, hilaridad hacia los modelos sociales creados por el narcotráfico, pero no ve con malos ojos sus escenografías, ni sus vestuarios, ni sus diálogos, ni mucho menos la costosa superproducción de su infernal oasis. La relación erótica es innegable y puede explicarse tanto con la inteligencia como con la intuición. ¿No será ese el motivo de que entre nosotros los jueces hayan terminado comulgando con los enjuiciados? ¿No será el altar de los deseos el que fatalmente vincula y aproxima a la víctima con el victimario, al ofensor con el ofendido? ¿No es coherente suponer que, lejos de razones científicas o médicas, despotricamos y perseguimos a los narcotraficantes, porque no son más que la visión de lo que nos excita?
Nadie está dispuesto a reconocer en una fiesta o en un salón de onces que sus secretos anhelos podrían estar emparentados con la colección de deseos labrada por los emperadores de la ilegalidad, y que sus metas vitales no distan demasiado de las que los trasnochan a ellos. Sin embargo, el affaire se revela con suma claridad cuando vemos la comunión de sus gustos, sus hobbies, sus reflexiones, sus programas de televisión, sus libros, sus clubes, sus discotecas y sus partidos políticos.
¿De qué sirvió, pregunto, nuestra fidelidad a Carreño? Los soporíferos años en que nos adoctrinó? ¿Sus esfuerzos por blindarnos contra el diablo de las malas costumbres o los malos amigos? ¿De qué valieron sus vindicaciones y sus anatemas?
Esa baraja de sueños regados con sangre que erige el edén del tiempo de los asesinos, y cuyo cielo no es precisamente el de Milton o San Agustín, constituye el nutriente mitológico que impulsa nuestro fragor actual, engrana la maquinaria de la sociedad y riega generosamente el jardín de sus ilusiones. ¿O es que no se parece el ideario huachafo de los narcos –dinero a como de lugar, triunfo a como de lugar, buena vida a como de lugar– a la bitácora seguida por una buena porción de la sociedad colombiana? ¿No es amar al dinero por sobre todas las cosas el primer mandamiento de esos dos bandos, en apariencia enemigos?
Repito: qué urbanidad remplazó a la urbanidad de Carreño?
Hace unos pocos días, en un espectáculo montado con bombos y platillos, descubrimos la verdad, cuando la amante del capo de capos, el hombre que es al narcotráfico o que Newton a las matemáticas o Santa Teresa al misticismo, hizo para nosotros un alucinante Strip-tease, un espectáculo tan escabroso como colorido. Relató, frente a millones de teleespectadores, con minucioso erotismo, con cinematográfico sentido de la narración, con exultantes invenciones verbales, su amartelamiento con uno de los más grandes asesinos de la historia universal, pero primó en el reportaje la fascinación por el río de sus dólares, por el encanto de sus años de esplendor, y por la leyenda de una Dolce vita labrada a bombazos. Y la bella pérfida declaró con poético cinismo que la única diferencia entre el amor que ella le tuvo al Padrino y el que le tuvo la sociedad colombiana, fue nada más una cama. El enrazado de joya policial y novela romántica tuvo una aceptación aplastante.
No lo sigamos negando: a la urbanidad de Carreño la remplazó la urbanidad de Escobar.
Entrevista a Edgar Montiel
Durante el reciente Encuentro andino sobre Diplomacia Cultural convocado por
¿Por qué la cultura ahora interesa a los políticos?
Cuando ocurrieron los lamentables sucesos del 11 de septiembre del 2001, fue inesperado observar cómo las interrogantes se dirigían hacia la cultura para buscar allí –y no en la economía o la política– las respuestas y las claves para entender lo ocurrido. En efecto, en un contexto de interculturalidad efervescente y de magnificación del poder simbólico, la cultura se ha vuelto una práctica social colectiva cada vez más influyente en las relaciones internacionales –incluida por primera vez en las prioridades de la agenda internacional–, cuya adecuada “gestión” puede hacer de ella un recurso estratégico para la gobernancia, el desarrollo y la diplomacia mundial. Dando cuenta de esta evolución, Joseph Nye, una de las autoridades del liberalismo institucional, considera a la cultura como un Soft Power, término que puede ser asimilado como un poder intangible o un poder versátil.
¿La cultura ha cambiado el mapa de las relaciones internacionales?
El modelo tradicional, que concebía estas relaciones como vínculos exclusivamente entre estados, ha sido corregido y completado en las últimas décadas. Esta nueva forma de gobernancia global es considerada como un multilateralismo complejo. En él interactúan no sólo dos o más estados, sino también otros componentes de la sociedad, como son las ONGS, universidades, entidades regionales, las asociaciones representativas de la sociedad civil (grupos empresariales, sindicatos, pueblos indígenas, asociaciones profesionales, migrantes, etc.), que influyen en las decisiones interestatales. Y después del 11 de septiembre todos sabemos que una situación de desavenencia permanente al interior de los estados o entre estados favorece el incremento de la pobreza y la presencia de grupos extremistas, repercutiendo en la seguridad (colectiva) de muchas naciones, sean grandes o pequeñas. En estos contextos surge la cultura como un recurso para la cohesión social, el diálogo entre los pueblos, la paz social y el desarrollo compartido.
¿El llamado poder intangible (la cultura) es entonces el encargado de evitar las guerras que se están gestando en el mundo?
Tradicionalmente, la política exterior ha estado inspirada en una lógica sustentada principalmente en un poder coactivo. Esta clase de poder suele llamarse poder tangible. El poderío económico refuerza la esfera del poder tangible. Si se siguiera esta lógica, la capacidad de influencia de un determinado país en el ámbito internacional sería entonces proporcional a su poderío material. Pero esta lógica lineal no siempre acierta.
Si se profundiza en el potencial intangible se puede advertir que este recurso fue muy utilizado históricamente, en especial en
¿Habrá opción para América Latina cuando sabemos que los países desarrollados dominan el mercado de bienes culturales?
Es importante trabajar al respecto. La expansión de las comunicaciones alcanzada gracias a las nuevas tecnologías y a la creación de redes mundiales, ha potenciado enormemente los intercambios de bienes culturales. Según datos de
¿Ahora desde las órdenes políticas se entiende la cultura como un corpus dador de paz?
Tanto
¿América Latina podrá explotar su poderío imaginario en contra de la desigualdad y de sus conflictos imperantes?
La cultura como espectáculo
Obsedidos por el lucro acentuado por el craso desconocimiento que impera en las salas de redacción de la prensa escrita, los editores han suplantado, o mejor, transfigurado la información cultural, por el rutilante y seductor mundo de la farándula y el espectáculo. Las páginas culturales de los periódicos colombianos son abigarrados espacios en los que la prelación se les concede a los efímeros protagonistas del Jet Set criollo. La crítica de libros, música, pintura u ópera, está confinada a escuetos y vacíos comentarios escritos en una ligera prosa de boletín. Sumisos al anacrónico modelo de las seis W, los periodistas culturales colombianos desdeñan los retozos y las audacias estilísticas, por una escritura fría y mecánica, sin mayor artesanía literaria. El periodismo cultural se ha convertido en un pintoresco pastiche de moda, ferias y museos.
Andrés Zambrano, el editor cultural de El Tiempo, el único diario de circulación nacional, con una sospechosa versatilidad entrevista a Shakira, Paul Auster, Alejandro Sanz o Mempo Giardinelli, haciendo de su página un caricaturesco híbrido de incorpóreas fronteras entre las artes, las ciencias y los públicos. Lo mismo sucede con el suplemento Lecturas de Fin de Semana del mismo medio. Ahí confluyen las remembranzas de la fauna política, la difusión de eventos sociales y las insustanciales reseñas de las novedades literarias que imponen las multinacionales de la edición. El resultado: un desaliñado periodismo mutante, que fusiona cultura y espectáculo con un pasmoso facilismo. Aunado a lo anterior, los periódicos nacionales han hecho de la crítica de libros un jugoso y amañado espacio para la promoción de vedettes que impulsa la predecible industria editorial colombiana, desterrando por completo la verdadera y esencial misión de la crítica, que advierte: “Esto es verdad. La razón es ésta. Por favor Sépalo”, en palabras de George stenier. Un verdadero crítico.
Si en países como México, la orientación de los principales suplementos culturales ha estado a cargo de descollantes y respetados escritores como Marco Antonio Campos y Juan Villoro, en Colombia esta tarea se les ha encomendado, con asombroso desgreño, a personas cuya improvisación en todas las áreas se le reconoce como supuesto mérito periodístico. Los periódicos regionales, salvo contadas y valiosas excepciones como la del Universal de Cartagena, bajo la férula del escritor Gustavo Tatis Guerra; la del Nuevo Día de Ibagué, cuyo suplemento orienta el novelista Benhur Sánchez; y
Yo, el supremo
Proyecto político pre-moderno, de una tradición finquera, en el que los límites con el narcotráfico y sus secuelas no son tan claros como sale a pregonar a los cuatro vientos; heredero de una tradición que privilegia el oficio de capataz; “napoleoncito de carriel” como lo define certeramente el poeta.
Proyecto que descalifica, de manera indigna, a sus opositores, “quien no está conmigo está contra mí”, apoyado en una mayoría parlamentaria conformada como colcha de retazos por oportunistas politiqueros de oficio, típica de esa tradición que dice defender y que revela su estrategia en acciones y declaraciones repentistas, altisonantes, que giran en torno a su figura y que son producto del apasionamiento personal. Parece que el yoga no es suficiente para calmar sus ánimos de camorrero que sale a cazar peleas cada vez que sus órdenes no se cumplen.
Tentativa que aglutina sectores dispersos y sin propuestas efectivas de cambio, alrededor de pasiones personales y adhesiones a la vía más absurda: la guerra; situación que por demás se niega a reconocer, queriendo mostrarle al mundo una realidad producto de su paranoia y de las atrocidades de sus compinches que han convertido los campos, otrora lugar de cobijo, de sustento, de arraigo y solar de luz en camposantos anónimos, sitios de peregrinaje en busca de huesos y no de cosechas.
Indignidad que se sustenta en encuestas, en operativos militares fallidos, en inútiles viajes al imperio para salvaguardar privilegios de quienes creen que proteger los caminos de servidumbre a sus fincas es señal se seguridad y progreso: terratenientes e incautos turistas.
Situación que se evidencia en el sacrificio de la vida de secuestrados, de campesinos desplazados, de pequeños empresarios que ven frustrados sus esfuerzos patrióticos, de universidades públicas en bancarrota mientras se pregona un TLC, sin carreteras, sin impulso a la agroindustria, sin empleo aunque las estadísticas se empecinen en mostrar lo contrario, mientras sus regentes, con diversos pretextos, igual de revanchistas e indignos a los ejercidos por él, lo desconocen como socio comercial y hacen de su finca un campo de batalla.
Ya lo dijo Borges, “la democracia es un abuso de la estadística”.
Las sombras del asedio: Argemiro Menco
Sumergirse en los poemas de Las sombras del asedio (Común Presencia Editores) es ingresar en el territorio de la noche cercada por los elementos. Vamos del agua a la tierra llevados por el aire o por el fuego. Amamos el abismo, «falso dios del equilibrio», como dice Menco. La lírica de este poeta ancla sus raíces en la dispersión: hay una búsqueda constante de la huella, señal de tránsito inconcluso que «disgrega la distancia». La huella, lo efímero que permanece, permite trasegar en la memoria para «borrar recuerdos ingratos y palabras infelices».
El poeta disemina sombras en el blanco de la página: sombras metafísicas, sombras intimidantes, abracadantes. Las sombras del asedio: la tiniebla que acecha tras la luz ideal y la mancha que aprisiona el espacio poético, el espíritu. No obstante, al fundirse en el prisma que descompone la luz, emergen los colores: la nostalgia amarilla, la cotidianidad azulina, el verde de los sueños. De ahí surge la pregunta matizada en el gris de un posible desencanto, de una zona desparramada entre lo blanco y lo negro:
¿Tienen espíritu gris
las palabras en su prisma,
mis abuelos poéticos y
la arcilla de mis sueños?
Las imágenes luminosas son nocturnas: «alguien agujerea el calabazo de la noche», una imagen de sencillez aparente que aprisiona y sofoca, que contiene y desborda. Esta es una de las claves del poemario. El encierro exige el desborde: el calabazo, final del bejuco que estalla en infinito, remite a la tierra íntima, a la irrupción del espacio signado por la condición antitética, al eco de un verso de Adonis: «la noche ya no sabe cómo resucitar sus candiles».
Menco apuesta por el diálogo entre presente y pasado para traer las palabras de la infancia, el recuerdo del padre, el regreso a la tierra, ciego y ceniciento, el murmurar del río –como un redivivo cordón umbilical– y de la canícula que «abreva la sed en el sudor de los caminos». No obstante, el retorno es imposible, porque al poeta lo «vencieron las historias». La palabra sustituye el lugar de la nostalgia y se hace conjuro al compás de la mala costumbre de sentirse labio fértil. Ahí reside otra clave del texto: la angustia que late enmascarada en el humor que entrevemos en algunos poemas es señal de asedio, de agonía clausurada por el tiempo.
Como en todo juego de luz y sombra, algo permanece oculto a la espera de que poeta y lector se encuentren en el territorio de las palabras para purificarse de los asedios y obsesiones que los intranquilizan. Sea este el momento para apostar por la palabra líquida del poeta Argemiro Menco Mendoza.
Entrevista con Floriano Martins
Por Amparo Osorio
El Poeta, ensayista, traductor y editor Floriano Martins (Brasil, 1957) es autor de los libros: Escritura Conquistada (Diálogos con poetas latinoamericanos, 1998) y El inicio de la búsqueda (El surrealismo en la poesía de América Latina, 2001). Entre sus libros de poesía sobresalen: Alma en llamas (Brasil, 1998), Cenizas del sol (Costa Rica, 2001), y Tres estudios para un amor loco (México, 2006). En la actualidad dirige, junto a Claudio Willer, la revista electrónica Agulha (www.revista.agulha.nom.br) y es coordinador del proyecto Banda Hispánica, del Jornal de Poesia. Dentro de su importante labor de difusor de la literatura, coordina en su país los encuentros internacionales LiterAmérica, Fliporto y la próxima Bienal Internacional del Libro 2008.
¿Cuáles fueron los criterios para la realización de la antología de poetas colombianos que será lanzada a finales de septiembre en todo el Brasil?
Antes es preciso decir que tenemos un plan editorial, Lucila Nogueira y yo, de una serie de antologías que tratarán de despertar en el lector brasileño el interés por la poesía de los países hispanoamericanos. Dimos a este conjunto de antologías el título general de Mundo Mágico, y la primera de ellas a ser publicada es la de poetas colombianos, que será presentada en Fliporto el próximo 29 de septiembre. El plano general considera dos aspectos estructurales: una selección de 40 poetas contemplando un período histórico que va del Modernismo al ambiente contemporáneo, y la realización de una encuesta con los poetas participantes, con la intención de recoger un testimonio vivo y diverso de aquella tradición lírica. Hemos incluido, entre otros, a José Asunción Silva, Guillermo Valencia, Porfírio Barba Jacob, José Eustasio Rivera, León De Greiff, Luis Vidales, Aurelio Arturo, Carlos Martín, Fernando Charry Lara, Héctor Rojas Herazo, Meira Del Mar, Álvaro Mutis, Jorge Gaitán Durán, Rogelio Echavarría, Eduardo Cote Lamus, Carlos Obregón, Gonzalo Arango, Jaime Jaramillo Escobar, Mario Rivero, José Manuel Arango, Giovanni Quessep, Jotamario Arbeláez, Elkin Restrepo y Harold Alvarado Tenorio.
Está en marcha un importante proyecto de difusión de la cultura brasileña en todo Hispanoamérica. ¿Con qué actividades?
Es un momento particularmente oportuno para crear algo sistemático en términos de relaciones culturales entre nuestros países. Algunos gobiernos de Estados o Municipios –hay que decir que lo mismo no pasa con el Gobierno Federal– se han mostrado interesados en promover eventos literarios que involucren a toda a América Latina. A finales de septiembre tendremos un primer encuentro de escritores hispano-americanos en Pernambuco titulado FLIPORTO. Dos meses después, en Ceará, acogeremos a un grupo de representantes de 7 países hispano-americanos, para un forum que busca definir la creación de un programa común de ediciones y la organización de un nuevo modelo de
En Colombia la empresa privada es completamente hostil a la cultura. ¿Cómo es la actitud de la empresa privada brasileña?
No creo que sea posible más pensar en intereses culturales, cuando lo que se discute es el patrocinio para su producción, para la producción de la cultura. Como la cultura se ha contaminado casi totalmente por el espectro del entretenimiento, todo gira en torno de su aplicación en el mercado y no se habla más de su enriquecimiento intrínseco, sea en la esfera estética o social. La fuente de todo esto no está en una definición de reglas, sino en la matriz educacional que en el caso brasileño es absolutamente frágil, permitiendo así los más disparatados vandalismos en todos los ambientes, trátese de política, cultura, etc. Y ya están contaminados los propios artistas, lo que es peor. Por lo tanto el que no existan intereses culturales de parte de las empresas, expresa solamente un cuadro, cuyo acierto debe ser buscado en el establecimiento inmediato de una fuerte política educacional. Esta es nuestra utopía, nuestro desafío más grande.
¿Cómo percibe un brasileño el conflicto interno de Colombia?
Los medios de comunicación en Brasil no son distintos de un patrón periodístico internacional, donde se cuenta la historia de conformidad con los intereses de algunos grupos. ¿A quién puede interesar una América Latina desgarrada, desunida? ¿Y con qué desvergonzada facilidad nuestros gobiernos atienden a este mecanismo de fragmentación? La política internacional debe ser así mismo muy compleja, pronta a impedir que uno de nuestros presidentes convide a los demás para el establecimiento de un pacto que envuelva a los países de lengua portuguesa y española, sin que la usura les impida perder algo en nombre de un proyecto mayor. Los brasileños no perciben lo que pasa internamente en Colombia. Tampoco los mexicanos o nicaragüenses o dominicanos. Muchos colombianos no comprenden lo que pasa internamente en su propio país. Lo mismo sucede en Brasil, en mayor o menor escala. Este es un retrato de nuestro continente, de su tragedia insular.
Lula da Silva representa una de las tentativas más ambiciosas de la izquierda en los últimos años. ¿Ha respondido la realidad con la expectativa fundada?
Derecho de petición
Señor Presidente Álvaro Uribe Vélez:
Como invoca
Es en tal sentido que nosotros, Directores de las Revistas Literarias independientes de Colombia, reunidos en el Segundo encuentro de publicaciones en Medellín, dentro del marco de
Intereses creados por el mundo del mercado han sitiado de manera sistemática el acceso de los independientes a los medios de difusión, distribución, venta y sostenimiento de sus proyectos específicos.
Es por esto que demandamos se constituya al menor plazo posible un Comité Nacional para la asignación de recursos que sea democrático, plural y transparente, cuyos integrantes con capacidad decisoria sean de conocimiento público, y que unifique los criterios de asignación de dichos dineros para todos los espacios creativos y especialmente para la literatura en concertación con los diferentes actores que allí se desenvuelven.
Igualmente solicitamos que se establezcan las bases para la estructuración de un sistema de concertación de las revistas literarias y pequeñas editoriales independientes, que les permita acceder a recursos anuales estables no sujetos a una discrecionalidad carente de transparencia, a través de la adquisición de una justa cantidad de ejemplares de nuestras publicaciones, que permitan la sobrevivencia de estos importantes esfuerzos culturales.
Es también prioritario que se disponga que las empresas del Estado pauten en nuestras revistas para de esta manera asegurar su continuidad y mantenimiento en la labor cultural editorial que beneficia tanto al Estado como a sus ciudadanos.
Por eso proponemos que todas las revistas literarias del país y las pequeñas editoriales con tradición demostrada y dentro de una convocatoria pública reciban recursos producto de los siguientes medios al alcance del estado:
1) Sistema Nacional de Concertación de Revistas Literarias Independientes.
2) Adquisición por parte de todas las bibliotecas públicas del país de nuestras publicaciones independientes.
3) Total apoyo económico para que las revistas independientes y las pequeñas editoriales puedan representar a Colombia en Ferias del Libro de carácter internacional, a fin de dar a conocer nuestra valiosa producción cultural.
4) Acceso a Stands gratuitos en Ferias del Libro municipales, departamentales o nacionales, así como en las organizadas por instituciones universitarias públicas.
5) Otorgamiento de pautas publicitarias a las revistas por parte de las empresas del Estado.
Agradeciendo de antemano toda la atención que se sirva prestar a la presente, nos suscribimos de Usted, atentamente,
Los abajo firmantes,
Revistas culturales y Editoriales independientes:
Asfódelo, Arquitrave, Común Presencia, Babel, Poética, Taller de Edición, El Transeúnte, Trilce, Minificciones, Grupo El Tunel, Luna Nueva, Fahrenheit 451, Altazor, Astrolabio, El Tambor Arlequín, Hombre Nuevo, Icono Editorial.
Los fantasmas felices de Ignacio Ramírez
El poeta inglés John Donne, al escuchar en su pueblo el tañido de las campanas, afirmaba que éstas suenan por nosotros que algún día vamos a morir. Ese tañir de campanas es el espejo de la muerte. El recuerdo de que no somos eternos o infinitos. Y que algún día, querámoslo o no, estaremos metidos en ese estuche de madera, devorados por el fuego o consumidos por los gusanos.
Esta certeza –en medio de un mundo incierto, como el que estamos viviendo–, es la que sirvió de fuente de inspiración al escritor y periodista colombiano Ignacio Ramírez Pinzón, para escribir un libro maravilloso sobre los muertos felices, que desde la infancia han rodeado su existencia. Para algunos lectores, el título del libro –Los fantasmas felices– puede ser una paradoja, debido a que en nuestras culturas, la muerte, con su profundo sentido religioso, siempre ha sido solemne, trascendental, y lo peor de todo, ha estado desligada de la vida.
Por esto, sólo un escritor agnóstico y esotérico como es Ignacio Ramírez, podía escribir un libro desacralizador y lleno de humor, alrededor de un tema tan espinoso para la raza humana.
En las cincuenta y cuatro crónicas que componen el libro, Ramírez le hace un homenaje a los muertos ilustres, pero no desde la perspectiva trascendental y religiosa con que se han visto a los difuntos, sino desde una visión profundamente humana, laica y holística. Para Ramírez, la muerte está estrechamente ligada a la vida, hace parte de la vida, de la que nadie puede escapar. Vida y muerte es la única pareja indisoluble que se mantiene fiel hasta el final de nuestros días.
Por esto, el escritor bogotano, que se acerca a la muerte con el espíritu del sabueso, trata a
El libro, que fue editado en Bogotá por Teresa Montealegre y está ilustrado con viñetas del mexicano José Guadalupe Posada, se abre con tres crónicas que nos remiten al origen del escritor: la crónica “Felisa” dedicada a su madre; la crónica “El tren” dedicada a su padre y la crónica “El tío de las flores” dedicada a tío Miguel, un jardinero auténtico.
Pienso que en estos tres relatos literarios se encuentran las raíces más profundas del hombre que desde su infancia se perfilaba como un escritor. En la crónica sobre su madre está presente el amor y el amor por la lectura. En la crónica sobre su padre se encuentra el amor por los viajes. En la crónica sobre su tío está el amor por la naturaleza.
Estos tres elementos: el amor, los libros y los viajes son los que marcarán el destino literario de Ignacio Ramírez.
Luego, rompiendo con el micro-universo familiar, el libro se abrirá al mundo de los muertos ilustres del arte y la literatura. La mayoría, muertos por alguna enfermedad o de viejos; a excepción del compadre Cacipa, que murió en
Allí, bajo la pluma fina del hermano Cronopio, desfilan: Henry Miller, el viejo calvo y marrullero; Ítalo Calvino, cuyo Barón rampante ante las miserias del mundo terrenal, prefirió vivir en la copa de los árboles; el pintor Alejandro Obregón; el novelista del patio, Héctor Rojas Herazo; el poeta Fernando Charry Lara; el maestro Enrique Buenaventura; Julio Cortázar, el Cronopio que murió de amor; el maese Pedro Gómez Valderrama; la escritora barranquillera Marvel Moreno; Celia Cruz, la guarachera de Cuba; el pintor venezolano Jesús Rafael Soto; el novelista del Tolima César Pérez; María Félix,
Entrevista con Carlos Palau
Por Julio Jaramillo Hoyos
Cáustico, con una concepción personalísima del cine, independiente y, sobre todo, entregado a la búsqueda de nuevas posibilidades narrativas, Carlos Palau estrena el 12 de octubre, su nuevo filme El sueño del paraíso, historia de un japonés que se enamoró de la novela María de Jorge Isaacs, emprendiendo un peregrinaje que dio origen a la migración nipona al Valle del Cauca. El realizador no logró los apoyos y prebendas comerciales obtenidas por casi todas las películas de la última cosecha. Sin embargo, la tentativa de reconstruir un fundamental período histórico de Colombia y Japón, convierten la pieza fílmica en una novedad y, a la vez, en toda una crítica a la incomprensión reinante en el séptimo arte criollo. Esfuerzo y poesía conjuntados.
En la actualidad parece muy importante que un filme obtenga el aval del departamento de cine de RCN, cosa que su película no logró. ¿Qué factores contaron para esta negativa?
Caracol Tv tampoco la quiso. Todos me dijeron que era bellísima, muy bien hecha, una historia increíble, pero que no era comercial…! No quieren arriesgar, no les interesa. Son gente cerrada que generalmente se equivoca todo el tiempo.
El espectador colombiano parece estar adoctrinado por algunas temáticas y un cierto estilo: ¿Será que asistimos a la cultura del mal gusto?
Ahora RCN esta produciendo películas en cuatro días, lo mismo que
En la cinta está la sombra del realizador Kenji Mizoguchi. Háblenos de su relación y afecto por ese director.
Mizoguchi es el más grande poeta que ha dado la cinematografía desde que fue inventada. Si alguien de verdad ama el cine y quiere dirigir películas algún día debería obligarse a mirar sus cintas, pero no creo que los jóvenes directores tengan tiempo que perder en esas pequeñeces.
Amo
Usted habla de la necesidad imperiosa de contar historias que escapan de las temáticas al uso del cine colombiano. ¿Está desaprovechando Colombia un arsenal de memorias?
No es Colombia quién las desaprovecha. Son los productores y directores quienes omiten historias hermosas, pero estoy seguro que pronto habrá quienes las rescaten No podemos seguir en este autismo artístico que nos aprisiona.
¿No teme que el público colombiano esté tan alienado que no comprenda o no haga un fácil contacto con el Sueño del Paraíso?
Esperemos hasta después del 12 de octubre y miraremos cuán grave es la enfermedad. De todas maneras, si la alienación es tan aguda, no por eso hay que venderle el alma al diablo. Seguiré arriesgando, abriendo trochas. Nunca tomaré el camino más fácil.
La crítica siempre habla severamente de los directores colombianos y pocas veces se cambian los papeles. ¿Cómo ve Palau el estado de la crítica cinematográfica en Colombia?
Por la forma en que escriben, se trasluce una necesidad imperiosa de figurar, en algunos casos, y en otros un sentimiento de amargura como si ellos también hubieran querido hacer películas sin el valor de correr el riesgo. Debe ser muy duro. Siento una gran compasión por ellos. Pero hay algunos críticos significativos como Alberto Posso.
Usted ha sido un artista rebelde, ¿creé que hay interesados en castigar dicha rebeldía?
Por el palo que me han dado parecería que sí. ¿Qué hice yo para merecer esto?
Hacia dónde apunta ahora Carlos Palau…?
Estoy desarrollando una idea con una actriz vallecaucana que jamás se ha empelotado en Soho. Dios la guarde de caer tan bajo.
Decidimos con mi mujer y productora, Angela Market, comenzar de cero. Viajamos a Cali y le entregamos el guión a
El aciago destino de los autores
Todos los autores han entrado en el desprestigio, incluido Dios, creador de creadores, dueño del alfabeto inexpugnable del que nadie puede escapar sino a través de métodos extremos y dramáticos. Los premios y las recompensas que les estaban reservados, su tierra prometida, su lugar de encuentros, se disiparon por completo, convirtiéndolos en la mayoría de los casos en unos damnificados, vanos reyezuelos de la bruma, o, lo que es aún más cruel, en triunfadores derrotados por el éxito, vacíos artífices de ensoñaciones peregrinas. En síntesis, una raza ininteligible que con el correr de los tiempos llegará a no necesitarse para absolutamente nada.
Autor: curiosa palabra que designa a una especie de demiurgo omnímodo, que reina sobre algo de manera alternativamente paternal y trágica. Su prole son los productores, los editores y los comerciantes pero todos ellos, aunque no lo confiesen, son ateos y parricidas. De ahí que hayan alzado la mano contra sus propios padres hasta el punto de que algunos, ebrios de amor por el vacío, postulen que “ya no se necesitan escritores para hacer libros, ni guionistas para hacer cine, ni periodistas para hacer crónicas, ni dramaturgos para hacer teatro, y si se nos viene en gana seremos capaces de poner de moda libros con las páginas en blanco”.
El autor es el ser más solitario de
Toda forma de creación ha ido a dar, hasta la fecha, en un fracaso irremediable. Si el autor trabaja en el cine, la televisión o el teatro, que son artes colectivos, su materia prima es traicionada, una y otra vez, por aquellos que deben comprender el guiño, y que, sin embargo, parecen destinados a no comprender nada: no aman la creación sino su parte fútil, es decir el triunfo.
Por eso son más dignos los géneros solitarios como la poesía, el onanismo, la novela y el suicidio. En ellos el artista debe despojarse de las máscaras de la sociabilidad y de los tratos cotidianos, quedarse completamente solo, abandonado, dejado por el mundo, para alcanzar su voz y descubrirse. Estos develamientos son preciosos como diamantes pulidos lentamente y en ellos aparece siempre la denuncia de que, para decirlo con Rimbaud, la verdadera vida está en otra parte. Y por eso acostumbran recibir, como contraprestación, la furia de los señores y la zancadilla de los lacayos: nada más peligroso que tener visiones en un mundo de ciegos.
Símbolo de la reducción de todo a la esfera de lo kitsch, de la banalización enardecida, de la compra grosera de cuanto es susceptible de producir dinero, también el mundo editorial colombiano se ha transformado en un show bussines, una incomprensible máquina rapaz donde están todos los que no son y son muy pocos de los que están: una pasarela de reinado de belleza con eventos en las playas de Cartagena y en los más suntuosos salones de las grandes capitales da cuenta de la hipotética floración intelectual, comandada por un elenco de creadores ligth, cuyas bagatelas se vuelven filmes o telenovelas casi al mismo tiempo en que salen al mercado y se venden en las librerías con una celeridad que ya quisieran Céline, Proust, Perse o Malraux. Sí, una súbita bonanza de genialidad ha saltado a escena y amenaza con enceguecer la pupila de los lectores incautos y llenar las valijas de los editores. Esta, como casi todas las bonanzas, es una auténtica ficción, más próxima a la mercachiflería que al arte: Bienvenido sea, de todos modos, el boom de lo desechable, porque nos recuerda que “la salud de una cultura depende de la calidad de sus dioses”. La rutilancia de trabajos como Sin tetas no hay paraíso, Esto huele mal, Zanahorias voladoras, Perder es cuestión de método, Satanás, El penúltimo sueño o Rosario Tijeras, prueba la justeza del argumento.
Miguel de Cervantes fue quizá el primero que lo denunció, haciendo alarde de su capacidad profética: En la segunda parte del Quijote, urdió un entramado que sería la piedra fundacional de la literatura moderna. En el decurso de la ficción, como en un juego de espejos, el Caballero de la triste figura sospecha que alguien lo está escribiendo, y acusa a ese autor mediocre de estar intentando suplantar a Cervantes, para obtener, de manera oportunista, provecho del éxito obtenido con la primera parte de las aventuras del manchego.
Desde entonces los ejemplos de incomprensión frente al creador han sido muchos, y en no pocas ocasiones ésta ha cobrado un precio altísimo a sus propulsores: bástenos recordar con asombro los casos de Ezra Pound y Gauguin, de Artaud, Chejov y Poe, de Dostoievski y Kafka, de Joyce y Balzac. Ninguno de ellos pudo escapar de la costosa revancha impuesta por los adoradores de la convención y los fanáticos de la mansedumbre interior.
El vía crucis del autor, la noche perpetua a la que ha sido condenado, y las innumerables injusticias y expiaciones a las que lo sometió su encuentro con el mundo pragmático, constituirán algún día no muy lejano un capitulo denso y fatigoso de la historia universal de la infamia. Los derechos del autor están tan mancillados como los de todos los grupos y sectas y razas y pensamientos y doctrinas de las inmediaciones: los negros, los homosexuales, los locos y los que habitan cualquier forma de lo “distinto” se constituyen, por lo tanto, en sus gemelos y sus pares.
Si nos atenemos a la certeza de Shakespeare, según la cual “el hombre está hecho de la misma materia de los sueños”, la defensa del creador (léase autor) es la vindicación de la parte más sagrada de la condición humana y simboliza la tentativa de agregar camino y horizonte a esa masa indefinible que llamamos vida: el autor posee la bitácora para enfrentar este presente de fantasmas.
Triste revelación, furibunda paradoja: Ahora llega primero el pirata que el fundador.
Julio Ortega contra Bogotá 39
Carlos Castillo, Premio CEAB
Ab Imo Pectore es el título del poemario de Carlos Castillo, escritor boyacense que acaba de ganar el premio del CEAB, convocado por la secretaría de Cultura y Turismo de Boyacá, para buscar trabajos significativos en Poesía, Cuento y Novela.
El poemario, con un sugestivo nombre que evoca el territorio secreto desde donde se produce la visión poética, consta de 35 poemas, y es un viaje, a veces hermoso y en muchas ocasiones terrible, por las grandes preguntas y enigmas de la existencia.
Castillo, nacido en Miraflores (1966), corrobora con este galardón, su consagración a las letras y su fidelidad a la videncia lírica. Ya había obtenido el premio Nacional de Poesía Universidad Metropolitana de Barranquilla 2002. Sus libros anteriores son Burdelianas, Rosa fragmentada y los inmortales.
El amor, la muerte y otros vicios
«¿Qué es lo que me ata al sol?
Al reposo del mar, a convivir
con las cosas más pobres de la tierra?»
Con esta antología realizada y traducida por Montserrat Gibert a partir de la extensa obra poética de Casimiro de Brito,
El autor portugués, una de las voces más reconocidas y traducidas de la poesía contemporánea, obstinado en traer de la muerte la luz de la infancia, se entrega aquí a las latencias de su universo verbal, al sueño como destrucción, al destello subterráneo del ardor, a la sombra azul del árbol que viaja en la memoria...
El amor o sus exilios, el lenguaje del mar, la tierra estremecida y la palabra final del fuego, hallan el rumbo de su respiración poética. El autor emprende la conquista de la obra erosiva de la ausencia, de la música del deseo, de los oficios del dolor, y encuentra su testimonio y también su crítica: la afirmación solar de una palabra fundadora.
Libro de las caídas pero también escritura de la resistencia interior, canto del caos o canción del hundimiento, pero invitación a una contienda en lo invisible que no se resigna al apocalipsis. Y porque «otro deseo / no tiene la carne / que no sea la muerte», el poeta pareciera convidar a los portadores de luz para transitar por estas páginas donde la vida es una caída horizontal (Cocteau), los cuerpos un río de signos, y donde los dioses renacen desde el miedo.
Entrevista con Hollman Morris

¿Por qué se perpetúan los conflictos armados en Colombia?
El conflicto armado afecta principalmente a los campesinos pobres, que mueren asesinados o son expoliados y obligados a dejar sus tierras y a refugiarse en barrios marginales de las grandes urbes. En Colombia se desarrolla el drama humano más grande del hemisferio sur. El de los desplazados.
¿Hasta dónde llegan los tentáculos paramilitares con el Gobierno del presidente Álvaro Uribe?
Aclararlo es el gran reto. Se trata de descubrir pruebas. De saber que tan real es la desmovilización de los paramilitares. Hay que saber cuándo un político local hizo un pacto con esas fuerzas que desembocó en asesinatos de dirigentes campesinos, de sindicalistas… El exterminio de quienes se oponen a sus designios y el desplazamiento forzado de miles de personas no es la forma de acabar con las FARC. Y no se pondrá fin a este estado de cosas hasta que no se acabe con la impunidad con la que actúan. El 90% de los casos de violaciones de los derechos humanos no se aclaran y no se castigan.
Hábleme de Rodríguez Zapatero.
Estamos muy dolidos con el apoyo incondicional de Zapatero a Uribe. Un apoyo sin matices. Zapatero debería tomar nota de la grave crisis del Gobierno de Uribe. De los cada vez más recurrentes escándalos derivados de las filtraciones paramilitares en el Estado y el Gobierno. Como la dimisión de la ministra de Exteriores María Consuelo Araujo o el encarcelamiento del ex director del DAS Jorge Noguera. Y la detención de 14 congresistas.
¿Qué ocurre con Uribe y los medios de comunicación?
Uribe lleva a cabo una política de descalificación pública de aquellos periodistas que informan de forma contraria a sus deseos. Los deslegitima. Los insulta. Los espía. Nos llama colaboradores de la guerrilla. Esas prácticas ponen en peligro la vida de nuestras fuentes y hacen casi imposible el trabajo.
Usted está amenazado por los paramilitares.
Sí. Pero no soy el único. Muchas personas son objetivos militares. Lamentablemente, en Colombia se ha invertido el ciclo natural de la vida. Es un país en el que desde hace mucho tiempo los padres ven morir a sus hijos.
Puntos críticos del “Plan Decenal de Educación 2006-2015”
En la perspectiva de cumplir con una agenda más, el Ministerio de Educación Nacional puso en circulación el documento de base para la constitución de las mesas de trabajo alrededor del plan decenal de educación, 2006-2015. Entre los meses de julio y agosto de 2007 se adelantaron las reuniones y los debates públicos sobre los problemas y las propuestas para la educación en Colombia.
En general, el tono del discurso del documento previo muestra cómo en educación todo va bien y que, según el balance del CEDE (Centro de Estudios de
– ¿Cómo hacer para que, en aras de la “equidad” (de la que se habla tanto en el documento), los niños y los jóvenes puedan permanecer en las escuelas públicas con una jornada extendida (en lugar de la media jornada), con una alimentación garantizada y una infraestructura escolar que les permita seguir aprendiendo más allá de las clases regulares (en los laboratorios, en las salas de informática, en las salas de música, en las bibliotecas, en los espacios deportivos, en los talleres...)?
– En el sistema educativo colombiano hay dos ciclos en una situación profundamente crítica: la educación de la primera infancia (la inequidad en la educación pre-escolar y su calidad) y los dos últimos grados del bachillerato (mal llamados “educación media”). De un lado, es necesario el mejoramiento de los espacios para la educación pre-escolar, a la vez que debería ampliarse el número de años de educación obligatoria en este ciclo (al menos dos años, como ocurre en la mayoría de los países de la región). De otro lado, cómo lograr en Colombia una educación media que sea coherente con el perfil de este ciclo: un ciclo que, al menos en tres años, inicie a los estudiantes en ámbitos de profundización (bachillerato con énfasis en artes, humanidades, ciencias, tecnología, oficios, deportes…) relacionados con el trabajo y con su continuación en la educación universitaria. Cabe analizar los datos porcentuales que se presentan al respecto, cuando se dice que “el 38 % de las instituciones oficiales” ofrecían la modalidad técnica hasta el año 2005: ¿se incluyen aquí a las instituciones que dicen educar en tecnología porque se programa un número mayor de horas en informática o porque educan en secretariado o porque son colegios técnicos? Es necesario distinguir entre colegios técnicos y educación media.
– Es necesario preguntar si hay una disposición del Estado para ampliar los acervos bibliográficos de las bibliotecas de los colegios y de los materiales impresos, audiovisuales y electrónicos, más allá de los tradicionales libros de texto o de los computadores de segunda mano. En la era de la información los niños y jóvenes requieren materiales genuinos y no tanto materiales reciclados.
Homenaje a Gonzalo Márquez Cristo

El sábado 8 será homenajeado por esta misma causa en el municipio de Arjona,
Bolívar. El evento ha sido organizado por
La semana siguiente, dentro del Encuentro Nacional de Revistas Literarias Independientes los días 12 y 13 de septiembre, en el marco de
Entrevista con Jotamario Arbeláez
Este incansable poeta, predicador de la orden de Gonzalo Arango y columnista del diario El Tiempo, en su estudio del barrio Chapinero, conversó con Con-Fabulación al calor de una botella de Whisky y nos reveló desconocidos intríngulis y entresijos del movimiento más polémico de la aletargada literatura Colombiana. Adelante Jota.
Háblenos de las relaciones entre
Los intelectuales que siguen hablando mierda del Nadaísmo, después de 50 años de habernos abierto campo a coñazos en el burdel literario, y que no fueron capaces de inventarse otro movimiento más berraco para opacarnos, sostienen que lo único vanguardista que hubo en Colombia fue la revista (que también llaman el grupo) Mito. Callan que Gaitán Durán, que en el primer número publicara como texto inicial el “Diálogo entre un sacerdote y un moribundo”, del Marqués de Sade, nos dedicó íntegramente el último número (41-42), que termina con un panfleto de Gonzalo Arango acerca de Caryl Chessman, el famoso asesino de la linterna verde, sentenciado a la silla eléctrica (1). Cuando el codirector (2) y el comité de redacción de la revista (3), ninguno de los cuales era capaz de continuarla, por física flojera, se dieron cuenta de que Gaitán había tomado la determinación de cederle la dirección de Mito a Gonzalo Arango, prefirieron condenarla a la desaparición y aplicarle al profeta ‘la aplanadora’. ¿Cómo les parece? Si alguien no me cree, pregúntele a Álvaro Mutis (4). Si el maestro no le pasa, diríjase a Armando Romero.
1. ‘’Caryl Chessman y el nadaísmo’, redactado cuando desde Colombia se clamaba que se le conmutara la pena, terminaba con este párrafo: “Para nosotros, Chessman es un hombre más en este aburrido planeta. Su vida no tiene importancia para nadie, como no la tiene la nuestra. Su ejecución, de haberse realizado, no impediría que los hombres que pidieron el aplazamiento vayan al cine o al partido de fútbol, y que por la noche en sus cuartos lo hubieran olvidado mientras acariciaban la ubre de sus mujercitas. ¡¡Y nuestros muertos colombianos es que no están muertos, señores humanistas? No sabemos por qué arman tanto ruido en torno a este míster.”
2. Hernando Valencia Goelkel.
3. Eduardo Mendoza Varela, Eduardo Cote Lamus y Fernando Charry Lara.
4. Y si Mutis no pasa, a Armando Romero, depositario de la confidencia.
¿Cómo contribuyó el Nadaísmo a remover la literatura acartonada y engolada de Colombia en su tiempo?
El Nadaísmo es el único movimiento que se mueve en Colombia. La literatura anterior al Nadaísmo era tan pretenciosa como la de ahora y casi tan mala. El único que le plantó el macho a nuestra incipiente soberbia fue García Márquez, quien con Cien años de soledad nos bajó prácticamente del ring, aunque no sólo a nosotros. Pero tuvimos un discípulo mejor que todos los que aparecieron después, Andrés Caicedo, quien con Qué viva la música! les dio sopa y seco por anticipado. Y eso que aún muerto sigue escribiendo, gracias a Sandro Romero.
¿Qué relación tuvieron con las otras vanguardias latinoamericanas y con los Beat?
Allen Gisberg nos adoraba; se lo dijo a Álvaro Barrios en Nueva York. Varios nadaístas convivieron con ellos. Las revistas El Corno Emplumado de México y Eco contemporáneo de Buenos Aires, dirigidas por Sergio Mondragón y Miguel Grinberg, nos dieron respiración boca a boca y un aire internacional. En varios países se crearon movimientos a nuestra imagen y semejanza. Valga destacar El Techo de
¿Cómo se movió el Nadaísmo en los mundos de la droga, tipo marihuana, hongos, perico, ácidos…? ¿Y cómo con la cruzada por la legalización?
Nunca tuvimos ninguna relación con la droga, aparte de consumirla. Yo fui el primero en abogar por su legalización, en frase que me birlaría Ernesto Samper, cuando hacía piruetas en busca de la presidencia.: “¿Qué necesidad hay de legalizar la marihuana, si la marihuana es legal?” Como la cannabis se quedó para hippies recalentados, arterioescleróticos terminales y cancerosos y sidosos esperanzados (“El cigarrillo produce cáncer y la marihuana lo-cura”), metimos todo lo que nos cupo por boca y nariz, perdonando la venas. Y como ahora ya esos fármacos metafísicos ni cosquillas nos hacen, hemos vuelto al vodka y a la chicha.
¿Hubo en algún momento, o las hay, divergencias políticas en el Nadaísmo?
Mientras en el Nadaísmo, en la época brava, unos eran ‘comandantes’ o dirigentes o poetas de izquierda (Pablus Gallinazo, Pedro Alcántara, Eduardo Escobar), otros eran monjes zen o cristianos (Elmo Valencia, Jan Arb), otros respetables ciudadanos para ocultar al monstruo (X-504, Malmgren Restrepo), otros beatniks neoyorkinos (Amílcar Osorio, Alberto Escobar, Jaime Espinel, Álvaro Medina), otros vanguardistas académicos (Armando Romero), y algunos creativos con ínfulas de genios publicitarios (para muestra un botón). El Nadaísmo dio para todo. Tanto que ahora, pasados 50 años, el más inteligente de todos, el estilista Eduardo Escobar, se nos volvió uribista de raca mandaca. Y a pesar de que le operaron el cerebro sigue en las mismas. No me explico cómo al presidente no le ha dado un soponcio.
¿Le ha servido la poesía para sacarse algún clavo?
Colombia: Soledad Internacional
El respaldo político del presidente Uribe en el país sigue una proporción inversa a la soledad internacional colombiana, la más aguda desde la separación de Panamá en 1903.
Desde esa fecha Colombia se negó a apoyar una guerra injusta. Incluso bajo el gobierno de Suárez que orientó las relaciones internacionales mirando al socio del norte (Respíce Polum) se mantuvo el principio de rechazar la violencia de una nación para expoliar riquezas ajenas. Se trataba, por supuesto, de instinto de conservación en el orden internacional apenas elemental.
Buscaba fortalecer una tradición jurídica para defender a los países más débiles. Esa tradición justo un siglo después en el 2003, la violó el gobierno Uribe y su Canciller Carolina Barco al votar en
La razón real: Sadam Hussein había dado la orden de negociar el petróleo iraquí en euros y no en dólares. Y eso no le convenía al gobierno estadinense manejado por un petrolero. Lo invadieron enseguida.
Así Colombia fue el único país sudamericano que rompió la solidaridad continental y su propia tradición de estrategia jurídica para apoyar una guerra injusta.
El resultado neto cuatro años después es que el Tratado de Libre Comercio de importancia decisiva para las exportaciones colombianas ha sido rechazado por el Congreso estadinense. Y lo que es de anotar el partido demócrata allí ha hecho de la guerra de Irak su caballo de batalla para ganar la presidencia. Así quedamos en el lugar equivocado. Perdimos la guerra irakí sin haber participado en ella mientras el Reino Unido al menos triplicó la extracción petrolera para
Hay dos lecciones. 1) No se puede sustituir una tradición centenaria por impulsos de besamanos. 2). El que es más papista que el papa termina enemistado con los cardenales y despreciado por los papábiles.
Balboa: El polizón del Pacífico
entrevista a Daniel Coronell
¿Cuál es su principal elemento de confrontación política con el presidente Uribe?
No tengo confrontación política con el presidente Uribe. Él es un Presidente, un político y yo no aspiro a ser ni lo uno, ni lo otro. Sólo a cumplir mi deber como reportero.
¿Qué cambió en su situación para que usted regresara nuevamente a Colombia?
Nada ha cambiado. Sin embargo, no me puedo sostener indefinidamente fuera del país. Ni asumir una pena perpetua de destierro. Ni dejar de ejercer el periodismo. Ni vivir con ingresos de académico. Le agradezco mucho a las universidades de Stanford y Berkeley que me acogieron, fue una gran experiencia, pero no podía ser para siempre.
¿Es tan amarga y desoladora la experiencia del exilio como la describen la mayoría de sus víctimas?
Hay días muy duros y otros en los que vivir fuera de Colombia produce una enorme alegría.
¿Hoy por hoy, usted y su familia se sienten seguros en Colombia?
No.
¿Cuál es el elemento periodístico y conceptual que convierte a Noticias Uno en un informativo radicalmente distinto?
La independencia.
¿Se considera usted radical en su concepción política y moral del mundo?
No. Sólo que pienso que el periodismo, para serlo, debe ser crítico.
¿Qué le augura a Colombia para el resto de tiempo que le queda a Uribe como gobernante?
Restricciones mayores al ejercicio de la democracia, rodeadas del aplauso al poderoso.
¿Qué resultado positivo han tenido las denuncias y los desenmas-caramientos llevados a cabo por usted y por su noticiero?
El único efecto cierto es que los televidentes de Noticias Uno están mejor informados.
¿Ha tenido represalias de índole económica en su noticiero debido a su posición crítica y de denuncia?
Si.
¿Cuál es la persona de la Izquierda que más admira en Colombia? ¿Y cuál es la de la Derecha?
De Izquierda a ninguno en especial, de Derecha a Ilva Miryam Hoyos y a Gustavo Petro.
¿Usted cree que Uribe se lanzará nuevamente a la re-elección? ¿Y de ser así, ¿cuál sería a su juicio el candidato para enfrentarlo?
Uribe sí se lanzará y lo único digno es no enfrentarlo a ningún candidato. Enfrentarlo, sabiendo de antemano cuál es el resultado, equivaldría a legitimar ese nuevo abuso de poder.
¿Qué opina del proceso de paz que se está librando con el ELN y que piensa del que se está dando con los paramilitares?
Con los paramilitares no está dándose ningún proceso de paz. Lo que está produciéndose es la legalización de varios grupos de narcotraficantes. En cuanto al ELN, tengo las mejores expectativas frente al hecho de que pueda llegarse a un acuerdo.
¿Qué opina de las posiciones adoptadas por las el Gobierno y por las FARC frente al tema de la zona de despeje para un acuerdo humanitario?
Maldoror: Senderos en el tiempo
El artista Fernando Maldonado, colaborador permanente de Con-Fabulación, nos entrega el primero de sus trabajos de la serie Senderos en el tiempo, inspirado en el extraordinario universo de Ripley titulado Aunque usted no lo crea, publicado durante décadas por los más famosos periódicos del mundo. Con un excelente dibujo y una imaginación siempre próxima al humor negro, despliega el sueño compartido de hallar una realidad menos hostil.Diatriba contra el cóndor
Siempre he pensado que los símbolos a los que se acogen los países, las ciudades, los partidos políticos y hasta las civilizaciones, traslucen parte de su más íntima e inconfesable vocación. El símbolo es como una sombra tutelar, un escudo protector, un tótem posterior al tiempo de la magia, una imagen expresiva a la que nos confiamos y en la que se encarnan nuestros más graves principios: dime a qué símbolo te entregas y te diré quién eres, descubriré la parte más evasiva de tu identidad.
Debido a eso, desde hace mucho tiempo, sospecho que el cóndor de los Andes, animal carroñero, zopilote de cinco estrellas, buitre de buena familia, chulo de ojos azules y abrigo aristocrático, es de pésimo augurio dentro de nuestro escudo y muestra parte de los yerros y falacias sobre los que está fundado nuestro ser nacional. Investigando las características de su existencia descubrí que lo único que tiene a su favor es un gran departamento de prensa, tal y como ocurre entre nosotros con la mayoría de los patricios venerables y los doctores intocables. El buitre es un animal de temperamento oscuro pero jactancioso, que trabaja muy poco, se esfuerza casi nada, tiene la creatividad en el piso y se conforma con las piltrafas repugnantes que le dona la muerte. Al contrario del águila, ave cazadora, inteligente y llena de donaire, escogida por los Estados Unidos de América como su estandarte y cantada por Walth Whitman y otros grandes poetas de la vitalidad; nuestro cóndor lleva una existencia sombría y tiene un prontuario vergonzante. ¿Entonces de dónde viene su mítico prestigio?
Alguna vez Jorge Luis Borges, afirmó, con la clarividencia de un visitante agudo, que Bogotá es una ciudad llena de estatuas erigidas a héroes que nunca lo fueron. Pues bien, también en nuestro escudo hay un falso prócer, un héroe que nunca lo fue, un patricio sin hazañas, un condecorado que no conoce la escaramuza o el fragor de la batalla, un príncipe apócrifo y ese es, precisamente, el cóndor de Los Andes. ¿Por qué lo hemos escogido para que nos represente? ¿Quién fue el cáustico ironista que transformó a este somnoliento devorador de basura en un patricio emplumado?
No entiendo –pero esto es tan solo parte de lo inexplicable que resulta el pathos de Colombia– de dónde proviene la veneración hacia este chulo petulante, los sentidos discursos que se le escriben y que contaminan los recintos y palacios del poder, los salones de la retórica oficial, las academias, los salas de convenciones y las sedes de los partidos políticos.
El cóndor representa, es cierto, algunas características de los colombianos, y no precisamente las mejores: su figuración inexplicable guarda acongojantes semejanzas con la de buena parte de nuestra fauna social, política y cultural. El país está lleno de carroñeros con blasones cuyas hazañas y episodios, al igual que las del buitre nacional, son del todo inexistentes.
El cóndor es la clase alta de los carrroñeros, el archiduque de los tragadores de estiércol, y por ellos no tiene ni siquiera el encanto modesto del chulo común, que, como lo descubrió con envidia Truman Capote, sabe de su baja estopa, que es feo y repugnante, y, por lo tanto, no tiene la necesidad ni el interés de engañar a nadie. El zopilote nacional, en cambio, es un gran farsante, un estafador plumífero.
Hace poco tiempo asistimos a una de nuestras eternales y bizantinas polémicas nacionales, cuando alguien dijo que el cóndor, en el escudo patrio, debía mirar hacia otro lado. Al instante se formó la debacle: los nacionalistas de agua dulce y los moralistas de la historia saltaron a la escena, para deplorar que alguien fuera capaz de perturbar la perenne inmortalidad y grandeza del chulo linajudo. Comentarios, diatribas y encendidos debates estallaron como petardos de pólvora. ¿No es acaso perturbar la mayoría de nuestros símbolos un principio de revisión y de cambio?
Pero, tal vez, la discusión sea otra: si este caballero de dudosa grandeza merece o no merece estar en el escudo de una nación en crisis, necesitada de símbolos más vivos, más vitales y sobre todo, menos decadentes.
Yo, desde esta humilde trinchera, abro la jaula para remplazar al cóndor en el escudo… se escuchan las propuestas…
Carta abierta a la Ministra de la Cultura

“Cuando me hablan de Cultura saco el revólver” (Goering)
Ahora que el Ministerio de Cultura estrena titular y que al parecer la nueva gestora propende por igualdades y derechos sobre todo para las comunidades marginales, es importante que conozca un poco más a fondo la insólita persecución a la cultura, que se gesta desde el interior mismo de algunos de los entes que canalizan esta actividad y que por antonomasia deberían tener la mística y vocación de quien conoce su oficio y lo practica porque lo ama.
La burocracia nos muestra sin embargo la otra cara de la moneda y somos de nuevo víctimas de flamantes gestores culturales que en ocasiones se toman sus nefastos papeles como si fueran dueños de la chequera que maneja los precarios fondos nacionales destinados a la cultura.
Una cita cuatro veces negada y otorgada finalmente para hablar de adquisición de títulos publicados por pequeñas y marginales editoriales colombianas que se la juegan por importantes proyectos literarios, suscitó todo tipo de reacciones indeseables por parte de la señora Margarita Valencia, ex directora de
Todo lo anterior demuestra que abogar por una equidad y una justicia en este país nuestro tan polarizado a todos los niveles, es estrellarnos contra el muro, y forzosamente tener que evocar la tristemente célebre frase del ministro hitleriano Goering: “cuando me hablan de inteligencia o de cultura, saco el revólver” (Albert Camus, Moral y política).
Como representante legal de una Fundación sin ánimo de lucro y co-editora de Común Presencia, no puedo menos que sentar mi precedente de reclamación abierta a una funcionaria que se suponía “pública” y cuya investidura la obligaba precisamente a la cordialidad y la comprensión.
Tampoco me parece señora Ministra falta de “sentido común”, reclamar por el desconocimiento absoluto de los grandes esfuerzos que pequeñas editoriales nacionales venimos haciendo hace muchos años, esfuerzos que a toda luz vienen siendo desconocidos por muchos de estos “gestores culturales” y vulnerados por ellos mismos, como
Para finalizar me parece importante que se revise la página Web de Fonade, en la que se convocó a dicha licitación, y se evalúe mi “falta de sentido común” cuando al analizar la supuesta adquisición de ejemplares se comprueba el exagerado favorecimiento a diversas editoriales extranjeras, en su mayoría españolas, tales como: Alfaguara (6.900 libros); Alianza Editorial (5.700 libros); Ediciones S.M. Madrid (6.000 libros); Anaya Madrid-Barcelona: (2.520 libros); Ediciones Cátedra (2.480 libros), y una interminable lista donde la gran ausente es precisamente la pequeña representación colombiana dedicada al ramo. (Trilce, Altazor, Astrolabio, Arquitrave, Taller de Edición, Tambor del Arlequín, Hombre Nuevo…)
No reclamo por el enriquecimiento que puedan tener dichas empresas, reclamo por la ruina a la que podemos llegar los forjadores de pequeñas editoriales colombianas, que todavía aportamos nuestros sueños para lograr algún día un país más generoso, más equitativo y mucho más consciente de sus valores y de su cultura.
Ojalá que las nuevas directivas que deciden sobre los destinos de la cultura, tengan la tolerancia y la comprensión de escuchar a quienes la hacemos.
Señora Ministra, usted tiene la palabra,
E-mail: amparoiosorio@yahoo.es
Matilde Espinosa
Nació en Huila, Departamento del Cauca. Ha publicado los libros de poemas: Los ríos han crecido, Por todos los silencios, Afuera las estrellas, Pasa el viento, El mundo es una calle larga, entre otros títulos. Aquí una muestra de su valiosa creación.
Recién venidos
Las palabras se escapan
pero el alma es tan cierta
como la gota de agua
que me sigue mirando.
El habla nos traspasa
y la imagen trasciende
a lo desconocido.
Las paredes del mundo
son muros de piedra que duelen.
Nos conturban los soles violentos;
el asombro, el milagro,
el murmullo, frontera
que orienta los pasos
a la estancia de algún
paraíso perdido.
Somos los recién venidos
pulsando el recuerdo
en la hora implacable
que se vuelve de espuma;
en el aire y en el pecho
toma forma de largo camino.
Somos los recién venidos
cultivando los sueños
viendo correr el torrente de lluvias
que maltrata las rosas
desde la luz hasta el primer sollozo.
Entrevista a Antonio Caballero

"El Tiempo es cada
vez peor"
Por Marcos Fabián Herrera Muñoz
Antonio Caballero, autor de la memorable novela “Sin Remedio” y uno de los columnistas más leídos de la prensa Colombiana, por sus opiniones polémicas y mordaces sobre la realidad del país, se ha granjeado la denominación de Enfant Terrible. Después de un largo período sin conceder entrevistas, habla en exclusiva para con-fabulación. La precariedad de la prensa escrita, los retos de la oposición política y la flagrante ausencia de medios independientes, son algunos de los temas que aborda en esta conversación.
Usted ha criticado la hegemonía de la prensa escrita en Colombia, al estar sometidos a la visión de un único diario nacional. ¿El tiempo le sigue pareciendo malo?
Malísimo y cada vez peor en cantidad y calidad. Es un periódico absolutamente frívolo y precariamente escrito. El tiempo hace diez años tenía un 20% de publicidad y un 80% de información. Eso ahora se invirtió. El Tiempo es un periódico de clasificados, farándula, horóscopo y recetas de cocina. Me parece gravísimo que un medio de esa pésima calidad sea el único diario de circulación nacional.
En la actual coyuntura política ¿La izquierda Colombiana carece de un medio de comunicación?
No tiene ninguno. Cuenta tan solo con opinadores dispersos.
¿Resulta apremiante para la oposición política contar con un medio de comunicación?
El país requiere unos medios que le den lugar al análisis, a la confrontación y a la investigación. Y sin duda alguna estos aspectos le conviene a la izquierda Colombiana, ya que quienes opinan y quienes detentan el poder en los medios son poderosos grupos de derecha. En un país con tanto analfabetismo y tan inequitativo, la oposición debe apostarle a crear medios y espacios, no solamente escritos, sino también radiales y televisivos.
¿Usted cree en la unidad y solidez del Polo democrático?
Espero que dure lo suficiente como para que les permita llegar al poder .Las contradicciones internas son necesarias, además de saludables, pero deben sortearse con inteligencia.
¿Cuál fue el principal aporte de Alternativa a la prensa colombiana?
Alternativa demostró que era posible criticar la realidad sin tener una posición partidista única. La revista se propuso representar todo aquello que no perteneciera al establecimiento y se opusiera a ese ominoso experimento llamado frente nacional. Esa criminal alianza entre liberales y conservadores, responsable en buena parte de la crisis actual del país. La revista no representaba ni a los marxistas, ni a los trotskistas ni a los comunistas. Y aunque Alternativa no logró nada de lo que pretendía, sirvió de lección para la izquierda colombiana.
¿Qué pretendía alternativa?




















































