Una confabulación contra el racismo

Por Colombia Truque Vélez

Por iniciativa de la Fundación Color de Colombia se realizó el sábado 17 de noviembre un significativo acto de homenaje a dos figuras negras de la cultura colombiana: el escritor Carlos Arturo Truque y el Chef Segundo Cabezas.

Para rendir tributo a Carlos Arturo Truque se contó con la participación desinteresada del prestigioso director teatral hondureño Rafael Murillo Selva, quien inició su trayectoria precisamente en nuestro país, como parte del grupo fundador de La Casa de la Cultura, al lado de quienes son hoy figuras importantes del quehacer teatral en nuestro país. Murillo Selva se ha distinguido además por hacer su teatro al lado de las poblaciones marginadas (indígenas, negros, campesinos, obreros); conoce bien la problemática de esos grupos minoritarios, pero reconoce igualmente sus enormes potencialidades. Es así como una de sus obras más reconocidas, “Louvabagu, el otro lado lejano”, es fruto de su contacto con la comunidad garífuna de Honduras, sumida en la marginalidad y la discriminación, amenazada ahora por los nefastos efectos de la globalización. De igual modo, dieron su aporte a este evento los reconocidos actores colombianos Humberto Dorado e Indhira Serrano con una impactante lectura teatralizada del cuento “Fucú”. “Fue un honor inmerecido haber podido leer "Fucú" de Carlos Arturo Truque, a quien considero el autor de algunos de los más exquisitos cuentos de la literatura colombiana del siglo XX”, expresó posteriormente Humberto Dorado.

¿Qué sentido tienen eventos como este, donde se destaca el aporte negro a la tradición cultural colombiana? En nuestro país –donde el racismo no por asumir formas sutiles es menos eficaz–, hacer visible este aporte es de suma importancia para que avancemos en un reconocimiento efectivo y general de nuestra diversidad. Todavía hoy existe quien se sorprende cuando se dice que el bambuco y el bunde tienen su origen en cantos de esclavos negros o que el “Tío Conejo”, personaje de cuentos de la tradición oral de diversas regiones del país, es de raigambre africana y llegó a nuestro continente cargado de cadenas en los barcos negreros.

Pero a pesar de tanto oprobio, la cultura negra muestra aún su capacidad de resistencia: en la Colombia actual, donde la problemática de la infancia, como secuela de una violencia que parece irrefrenable, amenaza con volverse un cáncer generalizado, se puede señalar con orgullo que es en esas comunidades marginadas y pobres de origen africano donde se registran menos casos de abuso, maltrato y abandono de niños. De la capacidad de esfuerzo es ejemplo Segundo Cabezas, quien comenzó lavando platos en restaurantes de Cali y a fuerza de tesón llegó a labrarse un alto sitio en su campo de actividad. De elevado sentido ético es ejemplo el escritor Carlos Arturo Truque: asumió una posición crítica frente a la sociedad de su tiempo y no cejó en ella a pesar de las persecuciones de que fue víctima ni de esa condena al olvido que hubieran querido dictarle sus enemigos políticos y esa sociedad “bien pensante”, dueña de la “verdad”, que hacía alharaca moral en 1958 cuando se publicó Sonatina para dos tambores. Captó en su literatura esas pulsaciones de su pueblo y haberles sido fiel, acompañándolas de una exigente elaboración literaria, es lo que mantiene la vigencia de su obra: muchas de las problemáticas que son motivos de sus cuentos –la violencia partidista, la intolerancia, el desplazamiento, la mala distribución de la riqueza– no han hecho sino agudizarse en Colombia.

Honrosas excepciones al racismo campante, las hay: los asistentes a este alegre evento pudieron deleitarse con la declamación espontánea del poema de Jaime Jaramillo Escobar: Alheña y Azúmbar. Los lectores de Confabulación quedan todos invitados a poner distancia frente a estos residuos de racismo y clasismo que siguen vigentes en nuestra sociedad.